¡Para la máquina! A un lado la obsesión por producir

Hoy me he sentado a escribir y estaba completamente en blanco, desganado después de una mala noche. Me había propuesto escribir a diario y me he rebelado contra esa obligación. ¿Por qué tengo que producir algo cada día?

Y de pronto me han entrado ganas de escribir sobre este tema. ¿Por qué cuando tenemos un día en el que parece que no hacemos nada especial nos sentimos mal? Tenemos esa sensación de malgastar el tiempo, de haber tirado el día a la basura tan sólo por no haber hecho alguna tarea con resultados, ya estuviera ésta prevista o no.

Hasta ese punto ha llegado nuestro condicionamiento social de ser personas de provecho, de rendir, de tener éxito. Y de hacer las cosas mejor que otros, de competir y ganar. Nos sentimos en la obligación de responder a lo que nos dicen que necesitamos. Y a intentar ganar mucho dinero.

No hace falta todo eso para tener una buena vida, para ser felices. ¿Cómo desmontarlo?

 

La productividad está hecha para consumir

Desde la revolución industrial y la ilustración, la sociedad occidental y por fuerza finalmente prácticamente el resto del mundo, hemos entrado en un círculo de producción masiva, siendo ésta mayor de lo que la gente necesitaba. Por lo que se creó la publicidad y otras estrategias para crear esa necesidad, antes inexistente. Y si bien nos hemos encontrado con ciertas comodidades y con una capacidad de comunicación y de difusión de ideas mucho más grande de lo que existía antes, la información ha sido canalizada y controlada, salvo excepciones complejas como Internet, por los grandes medios para mantener un estatus perpetuo de gente insatisfecha y a la vez conformista.

Hemos sido entrenados para no oponer resistencia, para no pensar. Y a la vez para no estar nunca conformes con lo que tenemos. Incluso para desechar lo que tenemos y cambiarlo por otra cosa que haga lo mismo, pero un poco mejor, y que probablemente esté hecha para estropearse en un breve periodo de tiempo. Tristemente, este comportamiento no sólo ocurre con objetos materiales sino en algunos casos afecta también a lazos emocionales.

Tiempos modernos

Tiempos modernos

Este modelo de funcionamiento ha sido integrado en nuestra manera de pensar hasta tal punto que llega a primar para la mayoría de las personas el representar un engranaje lo más perfecto posible de toda esta máquina. Para lo que debemos ser eficientes, productivos y exitosos en la tarea que desempeñemos. Sea un día laboral o festivo. ¿Cuántos domingos en blanco nos hacen sentir mal tan sólo porque habíamos planeado o esperado llenarlos con todo el ocio que no disfrutamos el resto de la semana y finalmente no hemos tenido fuerzas o ganas para dedicarle tiempo?

Así, ser productivos va unido a ser buenos consumidores. Integrantes de la sociedad de provecho, que ganan mucho dinero y con él pueden consumir el máximo de productos para su comodidad y su ocio. Ahora mismo, debido a privatizaciones y cambios de legislación en España, también hay que ser productivo para formarte, aprender, tener acceso a diversos tipos de terapias o asistencia sanitaria. Y con ser productivo me refiero finalmente a hacer dinero, ya que todo lo anterior lo exige: ser persona requiere tener una actividad laboral, desarrollarse, relacionarse con otros, mantener un buen estado de salud, etc. Por lo que para ser persona hay que producir y con ello ganar dinero.

Hemos perdido nuestro valor inherente por el mero hecho de existir y de tener todo lo que necesitamos en esencia, de todo lo que podemos ofrecer y de nuestra capacidad de creación. O mejor dicho, hemos olvidado ese valor.

Por otro lado también deberíamos analizar qué es exactamente lo que consumimos, ya que parece como si cada vez estos bienes fueran más intangibles y superficiales. Recomiendo ver el segundo capítulo de la primera temporada de la serie británica Black mirror, una cruda fábula sobre este tema, creada por Charlie Brooker.

 

La vida está hecha para disfrutar

Sí, pensamiento positivo ante todo. Pero es que creo que es así. Todos tenemos derecho a hacer en nuestra vida aquello que queremos y nos gusta. Lo difícil es saber qué queremos o qué nos gusta de verdad, en primer lugar.

Basta con detenerse a hacerse ciertas preguntas e ir respondiéndolas sinceramente. Despacio si hace falta, sin prisa. Si hasta ahora hemos sobrevivido sin conocer esas respuestas seguro que podemos esperar un poco más.

Y la segunda dificultad es implementarlo dentro de esta sociedad. Es un trabajo creativo de adaptación, búsqueda de acoplamiento y compatibilidad con lo que se nos exige. En realidad no es mucho: pagar lo que consumes y no molestar a los demás.

Si reducimos el consumo, reduciremos la cantidad de dinero que necesitamos y con ello, la cantidad de trabajo que debemos realizar cada día. Y es que aunque trabajemos en algo que nos gusta, no hay necesidad de llenar el día con ello. Dedicar tiempo a nosotros mismos en ámbitos distintos al laboral me parece muy sano. Igual que dedicar tiempo a nuestras relaciones o a crear. Aunque según el estilo de vida, todo esto puede estar mezclado con el trabajo. ¿Puedes imaginarte una ocupación en la que te relaciones con tus amistades e incluso pareja y en la que tengas la oportunidad de crear? Hay quienes dicen preferir separar el trabajo de su vida personal. Para mí esto es una contradicción si te dedicas a algo que amas.

En cualquier caso, al decir que no hay necesidad de ocupar todo el día con nuestro trabajo, la lógica que le encuentro es que somos creadores multifacéticos. Si nos preguntan cuales son nuestras aficiones, probablemente hagamos una pequeña lista. Y además, me parece sano para nuestra mente diversificar su ocupación y hasta reducirla de vez en cuando al máximo con pequeñas tareas mecánicas y repetitivas cuya finalidad podría asemejarse a la de muchas técnicas meditativas.

En cuanto a no molestar a los demás, tampoco debería ser muy complicado. Hay muchas cosas que puedes hacer que no sólo no van en contra de la ley (ya sea escrita o simple ética), sino que además suponen un beneficio para otras personas. De esa forma incluso alguna institución estatal podría ayudarte a realizarlas.

Una vez logrado esto, sabemos qué queremos hacer y cómo hacerlo, el día a día es creación, disfrute. Las dificultades suponen retos que, desde esta óptica, afrontaremos con ganas. Y cuando hayamos reducido las necesidades de consumo y cantidad de trabajo, tendremos disponible mucho tiempo para estar, sin más. O para leer un libro, pintar un cuadro, ver una película, construir un mueble, pasear por las calles, tocar un instrumento, cocinar, jugar, conversar con las amistades, hacer el amor, bailar, aprender a hacer algo nuevo, pensar en nuevos proyectos, cultivar el huerto, sentarnos en un parque o recorrer un sendero de montaña.

 

Hacer lo que te gusta como ocupación principal y tener tiempo libre para más cosas. ¿Acaso eso no sería disfrutar en la vida?

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9 Respuestas

  1. marcelo dice:

    Y que simple y complicado resulta coonseguir un solo pedazo de todo eso que tan bien has descrito. Con lograr un poquito que felices y completos nos sentiriamos. Lo deseo.

  2. Markus dice:

    Me gusta el tema que has elegido Mike, estoy de acuerdo en que el objetivo vital es disfrutar… sin embargo existen algunos obstáculos a llevar esa vida frugal y feliz que postulas (y a la que yo aspiro también), expongo los dos que me vienen a la mente:

    1) El coste de la vida. Hay cosas básicas que cuestan un ojo de la cara y a las que es muy difícil renunciar, el ejemplo más evidente es la vivienda, ya vivas de alquiler o hipotecado, la mitad del sueldo se va en eso, lo que te fuerza a trabajar más horas o compartir vivienda con más gente en detrimento de tu intimidad.

    2) Opciones laborales limitadas. Nuestras opciones están acotadas, uno puede decir “voy a trabajar de lo que me gusta” o “voy a buscar un curro que no me llene el día” pero luego sale ahí fuera y se encuentra con la realidad, que quizá lo que le gusta no tiene demanda en el mercado, que ser autónomo es una putada, que las jornadas son maratonianas o que los sueldos son ridículos.

    • Markus dice:

      Acabo de descubrir tu artículo sobre el ahorro jajaja, me lo tomaré como la réplica a mi comentario, lo he visto justo después de escribirte!

      • Jajaja
        Precisamente me salió un post después del otro. Más o menos. Es lo que me suele pasar, lo único que luego no soy tan rápido en acabarlos o subirlos como para enlazarlos antes de que comiencen los comentarios 😀
        En cuanto al punto dos, te doy la razón en parte: la cosa parece estar difícil. Pero para eso puedes visitar viviralmaximo.net o también odiomicurro.com donde comprobarás que las limitaciones nos las ponemos normalmente nosotros mismos.
        Gracias por tu fidelidad al blog y tus comentarios 🙂 un abrazo!

  1. 7 febrero, 2015

    […] Cuando conocemos otras culturas y sociedades, minoritarias y no tan conocidas, tal vez a veces ficticias, pero desarrolladas con buen juicio, podemos comprobar que otra forma es posible (en muchos casos hacen justo lo opuesto a nosotros), que otro mundo es posible. Y no el que nos cuentan una y otra vez. […]

  2. 21 abril, 2015

    […] muestran mi reticencia a la obsesión productiva que sin darnos cuenta desarrollamos incluso en nuestra vida […]

  3. 23 junio, 2017

    […] esta vez más físicos que psicológicos.Éste era el caso de entradas en las que hablaba de reducir el estrés modificando nuestro concepto de la vida o me refería a la comunicación en la pareja y en las relaciones interpersonales en general. […]

  4. 12 diciembre, 2018

    […] Porque se espera mucho de ellos, se les exige saber sin haber tenido tiempo para aprender. Deben ser líderes impasibles, amantes experimentados e infalibles, los primeros en la carrera que se supone que es la vida laboral. […]

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