10 formas de ahorrar. Parte II

Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, en Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio viví­a en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco. ¿Donde están sus muebles? – preguntó el turista. Y el sabio, rápidamente, también preguntó: -¿Y donde están los suyos…? ¿Los míos? – se sorprendió el turista. ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso! Yo también… – concluyó el sabio.

Continúo la anterior entrada de 10 formas de ahorrar con consejos para ahorrar en nuestra vida consumista, recordando que la mejor forma siempre es reducir la necesidad o la sensación de lo que creemos que necesitamos…

 

3. Formación y cursos

El concepto de aprendizaje continuo está tan instaurado actualmente en la sociedad que parece casi una obligación, sobre todo para continuar en el puesto de trabajo o para encontrar uno nuevo.

No estoy en contra de una formación y de un aprendizaje día a día, de la vida y de cosas que nos llamen la atención y nos interesen. Pero ese es precisamente el punto. Que ese paso parta de nuestro interés.

Al igual que nos pudo pasar en el colegio, estudiar por obligación tiene nefastos resultados, muchos de los cuales permanecen ocultos a nuestra consciencia en forma de rechazos, bloqueos o dificultades a la hora de estudiar o incluso de comunicar conocimientos. Yo llegué al punto de no poder concentrarme en absoluto a lo largo de varios años estudiando las asignaturas de una carrera que finalmente abandoné. En parte porque era difícil, tal vez porque no me gustaba, pero sobre todo porque era algo que no había elegido de verdad por mí mismo, sino por influencias externas. Y de todo ello surgieron esos rechazo y grandes bloqueos.

Ahora ya somos adultos y tenemos mayor capacidad de decisión. Y a veces, hasta sabemos qué es lo que queremos. Por eso, si encontramos una motivación sobre cualquier campo nuevo para nosotros, encuentro muy saludable aprender sobre ello.

 

Entonces, después de esta primera reflexión, y a partir de nuestra motivación podemos buscar muchas formaciones sin necesidad de invertir tanto dinero como estábamos acostumbrados a hacer. Olvídate de las academias y de la universidad, salvo que quieras aprender algo muy técnico para lo que sea imprescindible una titulación (se me ocurre la medicina, ingeniería y cosas por el estilo).

Pero para formaciones más cortas, enfocadas a temas más concretos, incluso técnicos y teóricos, existen miles de cursos online, muchos de ellos gratuitos y de calidad, los famosos MOOC (Massive Online Open Courses). Muchos ofrecen titulaciones o certificaciones, tal vez de momento con menor prestigio que los universitarios, aunque algunos están vinculados con universidades españolas (incluida la UNED) y extranjeras. Añado un enlace a una recopilación de webs con cursos grautitos online, cómo no, de la página de sindinero.org.

 

También el estado y sus ramificaciones administrativas, si sabes bucear, ofrecen formaciones subvencionadas. A veces será una asociación, otras una fundación y otras una academia, pero te animo a que preguntes a un trabajador social de la administración, o mejor, a varios, ya que en el laberinto burocrático es difícil que una persona maneje toda la información disponible. Buscando, buscando, es probable que encuentres ayudas y subvenciones para aprender de forma gratuita o muy económica.

En realidad, cuestiono mucho las titulaciones oficiales y las universitarias, ya que aprobar exámenes en este sistema educativo significa normalmente que sabemos memorizar y reproducir lo que dicen otras personas y sus modos de proceder ante distintos problemas o planteamientos. Evidentemente este es un punto polémico y no niego que en cada carrera también cuenta algo de la opinión personal y el análisis crítico, aunque creo que por desgracia esto no predomina en nuestras universidades (y me preparo por si me llueven comentarios que felizmente me demuestren lo contrario).

Por otro lado, que una persona haya terminado una carrera o formación reglada, para mí no es sinónimo de que sea una buena profesional en ese campo. Son necesarias muchas otras cualidades, sobre todo personales.

Y por último, ser un titulado a día de hoy tampoco asegura un puesto de trabajo. Normalmente tienes que currártelo más, y no necesariamente adornando currículum.

Por todo ello, no soy muy partidario de buscar ese tipo de formaciones, a pesar de que estoy a mitad de completar un grado en la universidad.

A history lession for the mini Clones and the Mini-Stormtrooper

Kristina Alexanderson via Compfight

Prefiero la auto-formación y la formación en grupo intercambiada. Es decir, mucho tutorial por internet (sobre todo si tus inquietudes tienen que ver con algún aspecto informático o de marketing), bastante youtube y relación con las personas de la red social de donde vivas. ¿No te parece esto ahorrar en formación?

Esto viene a significar que puedes intercambiar conocimientos con otras personas enseñándoles algo que tu sepas hacer a cambio de otros que tú desconozcas. Puede ser individualmente u organizando talleres temáticos en casa, en centros culturales y asociaciones o en cualquier sitio que cumpla con las características necesarias para aprender (un parque si quieres hacer circo o simplemente un bar si quieres aprender trucos de magia, por ejemplo).

4. Alimentación

El modelo que yo sigo para la alimentación no es el más económico en algunos aspectos, pero aquí me voy a saltar un poco la norma de este hilo. Para la alimentación, un consumo básico e imprescindible, lo más importante es comer productos de calidad y comprarlos de la forma más eficiente y ética. Es decir, productos no tratados con químicos (o lo menos posible en caso de manufactura), locales y poco elaborados. Si compramos un kilo de mangos del otro lado del mundo, por muy baratos que salgan, estamos contribuyendo a aumentar el gasto de carburantes, de medios de transportes, de contaminación y en general, de injusticias socio-económicas a nivel global.

Es tan sencillo como comprar en los mercados locales y a productores de la zona.

Budapest - Market at Lehel tér

jaime.silva via Compfight

Para que este tipo de compras salgan más económicas, siempre las podemos hacer en grupo. Esto asegura al productor ventas más grandes y periódicas, por lo que probablemente estará más predispuesto a bajar precios.

Ahora están muy de moda los grupos de consumo ecológicos y las pequeñas cooperativas de consumidores que reúnen diversos productos de la cesta básica para una familia media: verduras, frutas, legumbres, cereales, carne, huevos, lácteos…

Esto requiere tiempo de organización, pero enriquece personalmente gracias al contacto con otras personas del barrio, del pueblo o de la comunidad donde vivimos. Es una forma más real de vivir que hacer un pedido por internet a un supermercado, que te lo entrega a la puerta de tu casa, pero que no te garantiza la calidad de la que hablaba antes ni unas políticas económicas justas ni transparentes.

De hecho, algunos grupos están tan bien organizados a estas alturas, que ofrecen muchas comunidades y facilidades.

 

En cuanto a la manufactura, podemos conseguir ciertos productos haciéndolos en casa, como la pasta, el pan, los zumos, las mermeladas y conservas, alimentos desecados… ¿Que te falta tiempo? Entonces es que estás siguiendo un modelo de vida competitivo y con prisas que no es compatible con toda esta filosofía.

Si te encuentras en una red de personas que dedican parte de su tiempo a este tipo de tareas, puedes intercambiar mermeladas por conservas, o por pan. De esta forma, no es necesario que lo hagas tú todo, pero tendrás acceso fácil a otros productos transformados sin gastar un euro.

Y por supuesto, si tienes acceso a un pequeño terreno, ya sea alquilado, cedido, recuperado, o a un buen balcón soleado, siempre puedes cultivar algunos extras.

 

5. Vestuario

¿Por qué cada año la moda de ropa que nos venden las tiendas cambia, repitiéndose ciertas cosas cíclicamente? ¿Por qué locura los pantalones vaqueros ahora pueden costar entre 50 y 100 €, sin ser de marcas prestigiosas, siendo que el trasporte y la producción cada vez bajan más sus costes? ¿Por qué por el hecho de tener un nombre, unos vaqueros me pueden costar 10 veces más? ¿Qué majadería es esta? ¡Si es sólo ropa y nos va a durar un tiempo muy limitado!

Creo que en cuanto al vestuario aún hay muchas personas que no entenderán este punto de vista, siendo que las grandes marcas siguen haciendo dinero sin parar y que los mercados y tiendas de segunda mano siempre están llenos de ropa casi sin usar.

waschtag

westpark via Compfight

Tal vez yo sea muy pragmático, pero aún teniendo mis gustos personales para vestir, creo que me suelo gastar anualmente entre 50 y 100€ en ropa. Incluyo calzado, ropa interior, abrigos… Y aún me parece mucho dinero.

Mis lugares de compra son, por supuesto, de segunda mano. En otros países europeos hay muchos más que en España, pero aún así no es raro encontrar al menos un rastro o local de este tipo en casi cualquier ciudad. Pero también intercambio ropa, la regalo y me la regalan, sin rascar el monedero.

Existen las tiendas gratis. Puede que a alguna persona esto le haga cortocircuito, pero ya he conocido bastantes lugares donde se reserva un rincón o sala, dentro de locales y comunidades autogestionados, en el que con un poco de orden, se puede dejar ropa (y otros objetos) que ya no usamos y coger lo que nos guste. También sin necesidad de haber dejado nada a cambio. Es la filosofía del pro-común, de compartir lo que se tiene y de hacer evidente de que somos todos juntos y no los unos contra los otros.

Y por supuesto, estas alternativas ganan mucho peso a la hora de ahorrar si hablamos de comprar ropa para niños. Por mucho que la desgasten, siempre habrá muchas prendas que se les quedarán pequeñas antes de su ciclo de uso. Igualmente, existen redes de trueque especializadas en ropa y complementos para bebés y para niños. Y otras ideas para ahorrar en la crianza.

Y si no te apetece visitar estos mercados o tiendas gratis (yo me preguntaría por qué), o quieres darle un toque más festivo al trueque de ropa, siempre puedes organizar una swap-party, es decir una fiesta con mucha gente conocida en la que el requisito para asistir sea traer algo de ropa para intercambiar.

 

Y hasta aquí este post sobre formas de ahorrar. Seguiré hablando en las últimas entradas de esta serie sobre ocio y cultura,  y sobre los consumos de casa y algunas cosas más. Espero que te esté gustando la recopilación, pero si echas algo en falta o no estás de acuerdo, no dudes en añadir un comentario.

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