No tener hijos: fuera presiones, dentro responsabilidad

Tener hijos es a la vez una decisión natural y complicada. La mayoría de las parejas deciden ser padres, más tarde o más temprano, bien sea por traer descendencia a su familia, perpetuar la especie, completar un objetivo vital o simplemente por no plantearse siquiera la posibilidad de no hacerlo. Entre otras cosas. La decisión merece en todo caso cierta atención.

Está claro que no tener hijos es extraño, tanto más cuanto más antigüedad tiene la pareja. Y omitiendo los casos en los que no es físicamente posible, quedan muy pocas que permanecen en un no ser padres durante el resto de su vida. Es curioso que igual que no existe una palabra para nombrar a los padres que han perdido un hijo, tampoco la hay para especificar a una pareja adulta que no tiene hijos (no-padre, no-madre?). Es decir, que el lenguaje, como manifestación social, ni siquiera contempla esta posibilidad.

"Trust Me"

“Trust Me” Bar Fabella via Compfight

La exigencia social

Lo que se lleva (y siempre se ha llevado) es tenerlos: uno o muchos; después de casarse, sin casarse; a los veinte años o después de los treinta; biológicos, de adopción o un poco de cada…

Y la presión social para quien piensa de forma distinta es muy fuerte. Normalmente llega de forma soterrada, pero todos somos bombardeados con la idea de que es lo natural, que es imprescindible en la vida, que es lo mejor que nos puede pasar/lo mejor que podemos hacer, etc.

Llegados a cierta edad, si no tienes hijos, se puede crear un distanciamiento social con las amistades, que incorporan a sus inquietudes un gran espacio dedicado a la crianza. Esta preocupación, si no es compartida, abre una brecha comunicacional. Hay menos temas en común para la conversación y sobre todo, menos tiempo de encuentro.

La familia, como uno de los principales actores sociales en nuestro entorno, seguramente esperará que una vez emparejados, continuemos la extirpe y traigamos nietos, sobrinos, primos o lo que toque. Hay casos en los que la presión puede ser tan fuerte que ocasione discusiones y rencores.

Yo tengo la suerte de que aunque sé que un bebé por nuestra parte sería bien recibido, no sufro esa demanda. Pero envío ánimos a cada persona que, aunque sólo sea por hacerse la pregunta de si quiere tener hijos o no, tenga un familiar que no la respete por ello.

A pesar de que no es común, hay más gente que piensa en no traer otro niño a este mundo. Tan sólo hay que hacer una sencilla búsqueda y encontrarás blogs como el de Diana Garcés, en el que toca el tema de vez en cuando.

 

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Don Urban via Compfight

La responsabilidad de la decisión

He aquí el punto clave de esta cuestión, el centro de esta entrada. Sea cual sea la opción, considero imprescindible tener claro el porqué y aceptar esa razón.

Puede que se quiera tener un hijo para crecer personalmente, para rectificar los errores que nuestros padres tuvieron con nosotros, para tener ayudas del estado. No voy a enjuiciar el motivo. Cada cual tendrá el suyo, pero al menos, para la nueva persona que viene al mundo, que lo tengamos claro. Es más honesto y considerado. Y si con los años lo consideramos un error, podremos igualmente explicar por qué lo hicimos y aprender de él.

Y ante todo, tomar la responsabilidad. Una nueva vida, una persona, entra en la familia. Y va a estar a nuestro cargo. Su personalidad se va a formar de acuerdo con lo que le aportemos. Así como su bienestar emocional y físico.

Por supuesto, existen infinidad de formas de criar a un hijo y cada cual le irá mejor o peor a cada familia, según sus condiciones de vida, cultura, forma de ser… No entraré tampoco en las formas de crianza. Yo tengo mis ideas, en el caso de que algún día las vaya a utilizar. Y está bien que cada pareja o padre/madre por separado construyan las suyas.

Seguir los consejos de un solo libro o de lo que cuenta la abuela o un amigo psicólogo, no suele ser suficiente. Porque no estarás siguiendo la mejor guía: escucharse a uno mismo y escuchar al pequeño con el que te vas a relacionar durante el resto de tu vida.

Para ello, lo de siempre. Ser consciente de la situación, conocer el peso de tus decisiones, que ahora afectan claramente a otra persona, además de a tu pareja. Saber que todos tus actos tienen una consecuencia. Y por supuesto, que eres una persona. Como tal, cometerás errores. Meterás la pata muchas más veces de lo que desearías. Y todo estará bien. Eso formará parte de la experiencia familiar y siempre existirá la posibilidad de sanar y reparar esas equivocaciones. Con voluntad y atención. Probablemente con la ayuda de otras personas.

Uy, dije que no iba a entrar en dar consejos de crianza y se me ha escapan sin querer…

Black and white

CCL Beverley Goodwin via Compfight

Aquí hay trabajo

No tener estas y otras cosas en cuenta, perpetúan el sufrimiento de cada persona en esta sociedad. Personas que vienen a este mundo a seguir recibiendo los mismos golpes de siempre, siendo que existe la posibilidad de recibir muchos menos.

Tan sólo hacen falta plantearse estas dos cosas:

– ¿Por qué quiero tener un hijo?

– Esta decisión implica una responsabilidad que acepto y que procuraré asumir lo mejor que pueda.

No parece complicado y a pesar de todo sigue habiendo mucha gente que no piensa en esto. Pero claro, tampoco piensan de verdad en su vida, sino que viven alienados en su burbuja, siguiendo la inercia de la rueda del consumo, la competición y la búsqueda de la felicidad en una escala infinita de objetivos…

Finalmente, cuando se decide tener hijos, todo parece cambiar. Surgen muchas más dudas y situaciones que no se esperaban. Hablo desde la imaginación y la experiencia de otros, pero tengo claro que la paternidad/maternidad supone un trabajo arduo. Aunque satisfactorio, dicen.

 

Y tú, ¿qué motivos tienes para tener o no tener hijos?

¿Crees que la decisión implica más factores?

¿Qué importancia le das a la responsabilidad de ser padre o madre? ¿Y a los errores cometidos?

 

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10 Respuestas

  1. Marcos dice:

    Es curioso: para conducir hace falta carnet, para disparar una licencia, para muchas profesiones un título, pero un tener y criar un hijo vale cualquier destalentado. No es que abogue por instaurar el carnet de padre, eso sería estrangular todavía más la libertad de los individuos y avanzar otro paso hacia la distopía orwelliana, creo que es necesario educar a la gente en la responsabilidad, un valor premeditadamente extirpado por los ingenieros sociales que buscan convertirnos en un rebaño dócil. Ahora bien ¿cómo? Se habla muchas veces de reformar el sistema educativo, pero mientras éste sea una herramienta del Estado-Capital es absurdo pretender que la solución salga de ahí, a los que mandan NO les interesa una sociedad de gente responsable que tome sus propias decisiones. La solución podría venir desde la iniciativa individual, desde colectivos no subvencionados ni vinculados al poder, desde escuelas alternativas…

    • Y por suerte, es desde ahi que se va haciendo, poco a poco y muchas veces a contracorriente. A veces pienso que avanzamos demasiado despacio. Y otras pienso que al menos avanzamos.
      Gracias por el comentario. Y si, el titulo de padres no debe ser algo obligatorio. Eso va en contra de la educacion libre, jeje.

  2. Marimar dice:

    Voy a contar mi experiencia. Desde jovencita siempre supe que quería tener hijos aunque no sabría explicar bien porque; me gustaban los niños , quizá por mi condición de la mayor de los hijos de los vecinos que me llevaron a tener que cuidar en numerosas ocasiones de los más pequeños, porque en el terreno familiar era la menor de tres hermanos, pero el caso es que me encontraba a gusto con los “peques”. Nunca estuve segura si me influenciaban la sociedad,el instinto o mi naturaleza cuidadora pero siempre pensé que llegado el momento yo querría tener mi propia prole.
    Me enamoré y me quedé embarazada sin programarlo y fue cuando me di cuenta de la trascendencia de la maternidad. Tuve miedo por la sociedad del momento, que no aceptaba a las madres solteras, por mis padres, por el momento que estábamos viviendo pero sobre todo por la responsabilidad de traer al mundo una personita que iba a depender de mi y yo no sabía si iba a estar a la altura de las circunstancias. Por otra parte tenía un sentimiento entrañable que me hacía saber que ya no podría vivir sin él, que quería tener a esa criatura que además sentía parte de la persona a la que amaba; pero me aterraba no saber cómo hacerlo, comó cuidar y educar a ese niño. Nació y junto con la felicidad de tenerle en mis brazos vino más miedo a equivocarme, continuamente me cuestionaba si había hecho bien esta o aquella cosa.
    El niño se hizo hombre y es una gran persona en todos los aspectos, me siento orgullosa de él, pero todavía aun hoy me pregunto si podía haber hecho algo mejor y si tiene alguna carencia por mi manera de criarle y es que el manual se perdió hace tiempo…
    Mi segundo hijo fue programado , con su nacimiento vino la felicidad y a pesar de todo de nuevo apareció el miedo , y es que el manual todavía no ” ha aparecido”….

    • Ni aparecerá, por lo que parece, ese manual.
      En cualquier caso, puedo decirte que, precisamente por haberte equivocado en los puntos donde lo hayas hecho, eso ha ayudado a configurar a esas dos personas como son. Y eso forma ahora parte de sus retos vitales. Tal vez forme parte también de lo que esas almas encarnadas, si es que es así como funciona la cosa, han podido venir a buscar en esta vida.
      Así que alégrate por ello. Ellos estarán agradecidos por haber tenido hueco en tu familia y por todo lo que les habéis dado.

      Yo todavía me sigo preguntando si para mi llegará el momento de tener hijos. Sigo cuestionándome cada día y cada vez tengo más claro que en mi caso, la decisión de no tenerlos se corresponde con un miedo a no hacerlo bien y, sobre todo, a no ser un buen ejemplo a seguir. Me gustaría que mi descendencia pudiera respirar de mi un enfoque de la vida mucho más positivo del que tengo actualmente. Que me vea disfrutar de la vida. Y por el momento, al no ser esa mi vivencia, mi decisión se mantiene en seguir buscando sin hijos.

  3. Marimar dice:

    Comprendo ese miedo , es sin duda el que sentí yo cuando os tuve , no sólo por no saber hacer o por no haceros daño si no también por la sociedad que os tocaría vivir.
    En cuanto al enfoque que tu tienes o el que hemos ido teniendo cada uno de acuerdo con nuestros pensamientos, éticas y enfoques , te diré que creo que el de tu descendencia se pareceŕa mas o menos pero siempre habrá un punto de diferencia que cambia en cada generación, , unas veces mas y otras menos, pero ese salto existe porque se evoluciona en la familia junto con el entorno y el momento que se vive , y esto hace que cambie un poco los puntos de vista, en mi modesta opinión…

    • Estaría genial poder confiar sin más en que la vivencia de mi descendencia pueda ser más positiva que la mía. Creo que, finalmente, ahí no tenemos ningún control.
      Pero antes de tomar una decisión de este tipo, prefiero limpiar un poco la casa y facilitar un ambiente lo más saludable posible (el término de parentalidad suficientemente buena me vale).

  4. Alberto dice:

    Muy buena reflexión Miguel,

    Ciertamente es una cuestión compleja. Como indicas son clave la responsabilidad y el respeto. Entiendo que hay muchos factores en la decisión, también cierta presión biológica.

    Los progenitores son clave, como dices, determinan las condiciones en las que se desarrolla la vida de los hijos, son modelo… pero cada persona es única desde el momento en el que nace y se va formando sobre un conjunto de experiencias de las que los progenitores, en mayor o menor medida, sólo son una parte.

    • Gracias por el comentario y la aportación extra, Alberto.
      Estoy de acuerdo en que, como dices, cada persona viene con su equipaje propio. No somos un producto de nuestro entorno, aunque éste tome mucho peso en cómo nos desarrollamos y qué parte de nuestro equipaje inicial utilizamos.
      Un saludo.

  1. 11 abril, 2015

    […] ofrecer una vida (traer a una nueva persona al mundo; sí, esto es nuevo) […]

  2. 17 agosto, 2017

    […] de trabajo importante respaldado por un máster, ni siquiera una carrera universitaria. No he tenido hijos, ni comprado una casa. No me he asentado a mis treinta y seis años, a pesar de llevar doce en una […]

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