Emigración, la ausencia de retorno

En esta entrada hablaré un poco sobre una de las consecuencias de la emigración: el cambio sin retorno que tiene lugar en la percepción de quien lo vive.

El abandono de la zona de confort

Una vez que hemos cambiado de lugar de residencia de forma permanente, aunque sea a otra ciudad o pueblo dentro del mismo país, es normal sentir una nostalgia del lugar de origen, querer volver. Normalmente lo que se suele echar de menos es esa zona de confort abandonada, en la que se incluyen hábitos, lugares y relaciones personales con los que nos sentíamos a gusto. Sobre todo por el hecho de que eran conocidos y eso nos da la sensación de que tenemos cierto control en ese entorno, ya que nos parece saber qué esperar de todo ello.

Con ello no le quito valor a las relaciones personales y emocionales que quedan atrás; sólo pretendo añadir esta dimensión que se refiere a la pérdida de estabilidad del entorno conocido.

emigracion

Casey Hugelfink via Compfight cc

Muchas veces el recuerdo puede ser más dulce de lo que era la realidad, se tiende a idealizar el pasado, sobre todo cuando la emigración es una decisión forzada por las circunstancias. Bonito mecanismo que tiene nuestra mente para borrar el sufrimiento y curar las heridas emocionales…

En cualquier caso, el cambio suele costarnos y nuestra mente, más o menos encajonada, se quejará por un tiempo, anhelando volver atrás. Pero siempre, siempre, es capaz de adaptarse al cambio. Al fin y al cabo, todo cambia, nada permanece, y nuestro ser está naturalmente adaptado a ello, aunque hayamos aprendido a resistirnos al cambio.

Así, cuando pasa un tiempo, somos capaces de ampliar nuestra zona de confort. Nos hemos habituado a lo nuevo y al conocerlo, hemos ganado cierta capacidad de predicción de cómo funciona.

Ya nada volverá a ser como antes

Se me ha pegado hoy ese estribillo, qué le voy a hacer. Aunque es la frase que resume la idea de esta entrada.

En mi emigración de España, he tenido la suerte de volver de vez en cuando, visitar a mi familia y amigos, con cierta frecuencia (cada vez menos, es cierto).

A cada retorno, mi estado de ánimo cambia. A veces a mejor y la mayor parte de ellas a peor. Pero siempre hay algún tipo de reacción. La intensidad de estos cambios que le suelen ocurrir a todo emigrante cuando vuelve, dependerán de la forma en la que abandonamos nuestro hogar. Si por ejemplo, fue un cambio repentino, difícil, con la sensación de que las cosas no estaban bien cerradas, es muy probable que las visitas que hagamos después tengan más carga emocional y esta sea más difícil de sobrellevar.

En mi caso, a pesar de que procuré cerrar lo máximo posible, no todo quedó atado, y persisten recuerdos de que salí de Zaragoza sin haber encontrado allí lo que buscaba para mi vida, laboral, económica y también emocionalmente. Es decir, hay un regustillo amargo, al principio inconsciente, que ahora localizo un poco más, después de haber observado mis reacciones.

Es como si tuviera un tipo de memoria, a no sé qué nivel, que se reactiva cada vez que piso suelo maño y que se mezcla con las emociones que esté teniendo en el momento. Complicado de diferenciar, pero al menos ahora sé qué es lo que pasa.

recuerdos y emociones

demandaj via Compfight cc

Además, una vez que rehacemos nuestra vida en otro lugar, nuestra realidad y vínculos emocionales (relacionales, laborales y otras conexiones) han cambiado y están en otro lugar. El viejo hogar ya no es nuestro hogar. Las relaciones se pueden mantener, pero nuestra vida es distinta y debemos aceptarlo.

Volver puede resultar gratificante, emocionante, agradable, pero en cualquier caso, si sólo es una visita, es recomendable mantener los sentidos bien abiertos a todas esas emociones antiguas. Y saber que nuestra vida ahora está en otro sitio. Levar anclas y disfrutar de nuestro nuevo entorno, aunque podamos mantener contacto con el viejo.

Ni aquí ni allí

He mantenido esta entrada como borrador desde hace meses y tras la última visita puedo añadir que ha habido algo que me ha desestabilizado. He desconectado hasta tal punto que, a la vuelta, me he sentido de nuevo extranjero como al principio, sin saber muy bien qué hago en Francia.

Sé que en mi caso tiene mucho que ver el hecho de que todavía ando algo peleado con lo que hago en mi vida. No tengo un trabajo que me resulte gratificante y aunque hay cosas en él que puedo aprender importantes para mí (siempre he buscado eso en todos mis trabajos), sigo buscando.

El resultado es una especie de desgana que sé que se irá desvaneciendo cuando regrese a la rutina y a los muchos proyectos paralelos en los que me he ido metiendo. Por el momento puedo decir que después de cada visita al lugar de origen, también debemos tener cuidado con el aterrizaje, darnos un momento para volver a meternos en nuestra nueva piel (porque nuestra persona cambia un poco en cada lugar).

eterno extranjero

Day Dreaming, pennuja via Compfight cc

Y de fondo queda como un sentimiento de que no se pertenece ni a un sitio ni al otro, eternos extranjeros. Al fin y al cabo uno de nuestros valores internos puede ser que somos ciudadanos del mundo, lo que no viene mal en estos casos de emigración, temporal o permanente.

En tu caso, ¿qué te ayuda para mantener la estabilidad emocional tras un cambio de este tipo? ¿Has vivido alguna de las sensaciones descritas en esta entrada tras una emigración?

No dudes en aportar cualquier consejo o vivencia que complete mi reciente experiencia (todavía me quedan muchas cosas por observar y aprender). ¡Gracias!

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5 Respuestas

  1. Marimar dice:

    La sensación de perdida de la zona de confort se siente desde que nacemos y dejamos el dulce y caliente útero de nuestra madre para salir al frío , ruidoso y cegador mundo al que llegamos; paulatinamente con los cuidados de las personas de nuestro alrededor nos hacemos a vivir. Más tarde el colegio, el trabajo y ya la emigración es una ruptura mayor porque no solo abandonamos nuestro entorno sino que tenemos que emplearnos a fondo con un nuevo idioma y bucear en otro tipo de cultura.
    Es difícil saber que es lo que nos afecta más pues nuestra mente se enfrenta a un devenir de sentimientos encontrados y a la vez estamos inmersos en la búsqueda de nuestro yo, de nuestras prerrogativas de futuro, de plasmar nuestra voluntad y encontrarnos a nosotros mismos. En mi caso salí de Madrid con 21 años sin saber muy bien como iba a ser mi vida, sin solucionar temas familiares y personales y emprendiendo un camino en España pero lejos de mi entorno, y sin coche ni medios rápidos de transporte que me pudieran facilitar la vuelta a menudo. Tenía momentos buenos con mi pareja y con mi hijo, que nació pronto, pero me sentí sola en muchas ocasiones. Pronto empecé a relacionarme pero nos movimos más veces y si que sentí en algún momento que no era de ninguna parte, pues en muchas ocasiones me decían “tú no eres de aquí ¿verdad?”, y lo mas gracioso que me lo dijeron en Madrid también.
    Uno sigue teniendo sus raíces, quiere a los suyos y de vez en cuando quiere abrazarlos y verlos, pero la adaptabilidad es natural y después de los años pasados en Zaragoza ya me siento como si fuera de aquí, aunque cuando menciona alguien Madrid enseguida pregunto ¿eres de allí? Yo también.

    • Sí, la identidad es algo que construimos a diario y la llenamos,entre otras cosas, con los lugares donde hemos vivido. Cuanto más tiempo pasamos en un lugar, más peso le damos para marcar de donde somos.
      Aunque luego es algo superficial y muy elástico. Podemos llegar a modificar tanto la identidad que nos transformamos literalmente en otras personas con el paso del tiempo y los cambios de vida.
      Me doy cuenta de que el idioma tiene peso, pero no es, en el fondo, lo más importante. La cultura y la forma de relacionarse pesa mucho más. Y si no, que se lo digan a la gente que se mueve dentro de España de una comunidad a otra o simplemente entre la ciudad y el entorno rural.
      Gracias por el comentario!

  1. 24 febrero, 2015

    […] diversificando sus conocimientos y habilidades o especializándose en los que ya tenía. O emigrando de su ciudad o país para buscar en otros […]

  2. 21 abril, 2015

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  3. 28 agosto, 2016

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