Miedo a… (inserta lo que quieras en este espacio)

Todo el mundo tiene sus miedos, más o menos evidentes, más o menos fuertes, que se agarran a nosotros con la misma fuerza que nosotros nos agarramos a ellos. ¿De dónde vienen, para qué sirven y cómo podemos evitar que tomen el control de nuestra vida?

No existe Juan sin miedo. Era un cuento, una metáfora de lo que sería nuestra vida sin miedos. Y al final de la historia, el mismo Juan descubre que para él el miedo significa temer perder algo que tienes y que aprecias.

Es por eso que algunas personas que parecen poco temerosas son aquellas que no le tienen ningún aprecio a nada, ni siquiera a su vida y que se suelen comportar temerariamente.

miedo

Por xocolat shroom

Entonces, ¿el miedo es natural?

Yo diría que sí, en tanto que mecanismo, como reacción a un evento que nos inflige dolor y que puede permanecer en nosotros tras él. Es una emoción que nos viene, tal vez más a menudo de lo que debería. Entre otras cosas porque está ligada a lo desconocido y a esa pérdida de estatus o de lo que apreciamos. Y en esta sociedad hay muchos intereses porque esto siga así y se comercia, finalmente, con nuestros miedos (a no tener trabajo, dinero, coche, pareja, realización…), ya que siempre suele haber alguien que te puede vender eso que te falta. Salvo si no tienes dinero, claro. Pero siempre puedes esclavizarte para conseguir un mínimo.

Así que mientras algunos se ocupan de alimentar nuestros miedos, cosa para la que muchas veces no necesitamos ayuda extra, muy pocas personas aprenden a superarlos o al menos a dejarlos contenidos en un pequeño saco en el que no puedan llegar a hacernos daño.

La carga del miedo

Un amigo de la escuela de arte al que no veo en años hacía unos dibujos que me han seguido gustando y pareciendo muy apropiados sobre este tema. Tanto es así que le he pedido una de sus ilustraciones para esta entrada. Gracias, Alfonso.

señor miedo

Señor miedo, de Alfonso Casas

El miedo siempre aparecía en esas ilustraciones como un ente oscuro que agarra al protagonista, que no se separa de él, que le retiene y le pesa, que puede ser más grande o pequeño según su dueño, pero que finalmente, siempre le acompaña.

Parto de este concepto para luego deconstruirlo. Porque en realidad, el miedo no es un ente separado de nosotros. Está unido a nosotros porque es una parte nuestra. Puede ser ese mecanismo desarrollado a lo largo de nuestra experiencia, de diversas heridas. Y es por eso que el miedo de cada persona tiene su personalidad, su tamaño o sus formas de actuar distintas.

Pero en el fondo, somos nosotros mismos. Hay quien lo relaciona con nuestra sombra. Esta palabra ayuda a comprender este concepto como una proyección que depende de cada cual.

Por lo tanto, en el momento en el que lo asumimos como algo nuestro, podemos recuperar la capacidad de tomar el control. Si nos vemos como víctimas de él, no tenemos nada que hacer. Es probable que siempre vaya a estar ahí, así que si no tomamos la responsabilidad de nuestras decisiones, siempre vamos a salir mal parados. Porque nos pondrá una piedra en el camino, nos detendrá, nos convencerá para tomar una decisión que probablemente nos paralice y nos deje escapar toda oportunidad de cambio y evolución.

El origen

Siempre hay una herida en el origen de cada miedo. Emocional, más que física, aunque hayan quedado rastros físicos como cicatrices o incluso deformaciones físicas que provienen de contracturas musculares u otros síntomas y enfermedades acumuladas y crónicas.

Esta relación con la herida inicial no siempre es evidente y pocas personas se hacen conscientes de ello. Sobre todo porque no nos suelen dar esta explicación y porque tenemos esa carencia educativa sistémica en el ámbito emocional.

No estoy de acuerdo con que haya miedos naturales comunes a todo ser humano, a pesar de que sea un mecanismo que todos desarrollemos. Si bien cada persona se suele topar con ciertos factores que, como poco, pueden incomodarnos de forma generalizada (véase la muerte o el dolor).

miedo al dolor

colapso 3, por Jordán Francisco

Pero por ejemplo, con el dolor, el miedo nos viene tras haberlo experimentado. Y cada cual pasa por ese proceso de formas diferentes. Habrá quien se haya caído de cabeza con dos años y eso le haya marcado más que a otra persona que se caía a menudo, pero a quien lo que le marcó, por un motivo determinado, fue pillarse un dedo con una puerta.

Siempre es más complejo que esto, porque al dolor físico le debemos añadir el dolor emocional, que variará mucho según ese niño pequeño se sienta protegido o cuidado tras ese pequeño trauma. Y de una forma mucho más amplia a lo largo de toda su infancia y adolescencia.

Está claro que más tarde, podremos seguir acumulando experiencias dolorosas distintas y complicadas, como la pérdida, una ruptura de pareja, un suspenso en un examen importante, un despido…

Y todo ello irá conformando nuestro miedo, nuestra sombra, que se comportará así o asá, según del huevo del que haya nacido y de lo que se haya alimentado después. Vaya, ver al miedo como a un Tamagochi aligera un poco la cosa, ¿no?

Pero para mí, siempre hay un origen en vida. Por eso, ante la frase “No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor” (Alejandro Dumas), que he tomado del blog de Susana Lago, Tráfico de emociones, quiero añadir que incluso los peligros desconocidos pueden causar temor por el hecho de que los comparamos con otras cosas que ya nos han dañado. Y luego la imaginación puede tener mucho poder y amplificarlos.

Al final, no podemos tener miedo de una cosa que no conocemos en absoluto, porque no la podemos imaginar. Lo que sí que podemos temer es su efecto: que nos duela o que nos mate, siguiendo con los ejemplos anteriores.

Plantar cara al miedo, o la valiente decisión consciente

De la misma entrada de donde he sacado la anterior cita, saqué la inspiración para escribir sobre este tema, que ya me había planteado hace un tiempo. Y es que vivimos paralizados por el miedo, del que continuamos siendo rehenes porque hay algo que nos conviene de ello. O porque simplemente es lo más sencillo, aunque nos haga sufrir y a la larga nos impida la realización y la felicidad.

Ese síndrome de Estocolmo se puede romper, aunque hay que verlo, mirarlo y re-mirarlo, hacer acopio de fuerza de voluntad y comprender lo que podría mejorar nuestra vida si decidiéramos escapar de la presión que ejerce en nuestras decisiones cotidianas.

consciencia

winter, por Eddi van W.

Consciencia, como de costumbre, observarnos, sentirnos en cada momento y pensar si lo que estamos haciendo parte de una decisión que de verdad hemos tomado por nosotros mismos o del funcionamiento del piloto automático. Así, en el momento en el que estemos a punto de dejarnos llevar por la costumbre, evitando esa cosa que no hacemos por miedo, podremos decidir: esta vez, lo hago.

Y en la gran mayoría de los casos, comprobaremos que no sólo no ha ocurrido nada malo, sino que habremos obtenido mucho más de lo que obteníamos mientras estábamos paralizados. Parece obvio, aunque ya sabrás que es todo un logro.

Por eso te animo a entrenarte, a practicar en el campo del auto-conocimiento, de la consciencia emocional, de la meditación o todo lo que te pueda ayudar a verte por dentro y a comprender el porqué de lo que eres.

Actualización: incluyo un enlace a un artículo del blog de Habilidad Social que da algunos consejos para poder acoger las emociones, disminuir sus efectos cuando son negativas y mejorar nuestra capacidad de gestionarlas.

Y ya sabes, también te invito a comentar, a compartir y a continuar estas conversaciones fuera del blog.

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22 Respuestas

  1. Marcos Domínguez dice:

    Muy buen artículo Miguel, aquí sí que ni quito ni pongo, estoy de acuerdo por completo! Y el dibujo de a Alfonso mola un mazo, de hecho al verlo antes de leer el artículo he pensado en la sombra jungiana automáticamente! Seguiremos pateando el culo a esos miedos y llevando la luz a nuestras vidas, un abrazo grande 🙂

  2. Marcos Domínguez dice:

    Soy ultrafan de tu blog, ya lo sabes 😉

  3. Marimar dice:

    Este articulo me ha impactado, porque refleja realidades como puños. Emocionalmente me siento identificada con tus reseñas.
    Como estudie en Psicología de la Emoción el miedo es una de las emociones que mas interés ha despertado y mas estudiada por investigadores y teóricos; es un legado evolutivo vital de supervivencia y evoluciono para producir respuestas adaptativas.
    Pero hay que diferenciar entre emoción de miedo y de ansiedad: mientras que el miedo hace referencia a una emoción producida por un peligro inminente o presente, la ansiedad hace referencia a la anticipación de un peligro futuro indefinible e imprevisible.
    Bueno pues aquí quería llegar yo este tipo de anticipación es la que seguramente hemos adquirido por algún tipo de condicionamiento asociándola con algo que nos marca nuestros miedos a emprender cosas nuevas y unas veces por nuestros condicionamientos anteriores que en la mayoría de las veces no sabemos de donde vienen y otras porque ya se encargan los demás de condicionarnos , ya sea cercanos o” gubernamentales”.
    Yo creo, de todas formas,que el lastre de nuestros miedos en gran medida nos lo echamos nosotros a nuestra espalda convencidos de que no vamos a ser capaces de soltarlo y refugiándonos en el escapismo y la evitación de toda empresa nueva.
    Tenemos que acordarnos de las veces que hemos olvidado el lastre y hemos hecho algo novedoso, la satisfacción que hemos experimentado, eso es lo que vale y ese tiene que ser nuestro condicionamiento.
    Un beso

    • Gracias por el añadido con respecto a la diferencia entre miedo y ansiedad. Podría reescribir toda la entrada teniéndolo en cuenta.
      Pero bueno, la idea que quería transmitir seguiría intacta. La cuestión sigue siendo ver cómo nos hemos ido cargando de miedos y ansiedades a lo largo de la vida y cómo podemos deshacernos o aligerarla con decisiones valientes.
      Y como dices, podemos recordar cuando lo hemos conseguido, porque siempre habrá habido alguna vez, aunque fuera con algo pequeño.

  4. Marimar dice:

    Perdón por la falta de signos de puntuación en algún trozo de mi anterior escrito, pero me he emocionado . Por si te has ahogado un abrazo.

  5. Marimar dice:

    Desde luego que la idea queda intacta, y la comparto . Esta entrada me ha impresionado enormemente y me identifico del todo. Un beso.

  6. tere dice:

    muy adecuadas las ilustraciones

    • Gracias. Hubo un tiempo en el que las hacía yo mismo, pero he reducido el tiempo que le dedico a cada entrada y ya no me cabe. Y aun así me tiro un buen rato en seleccionar imágenes que permitan ser utilizadas por terceros (licencias creative commons…)
      Un abrazo!

  7. Alex Hernández dice:

    Pedazo de artículo, Miguel, me encanta y me parece muy acertado.

    Solamente me chirría una cosa, y es la identificación de la sombra como miedo. Este uso lo veo como nuestra costumbre cultural de enfrentar “bueno” contra “malo”, Dios contra El Demonio, mientras que la sombra es otro asunto, es lo inconsciente, lo descontrolado, lo desconocido, lo amorfo y polimorfo de nuestro interior. El miedo tiene buena parte de su residencia en la sombra, pero no es la sombra, sino solamente una pequeña parte de ella. Un miedo tal y como lo conocemos tiene sus raíces emocionales y simbólicas en la sombra, pero después es gestionado por nuestros constructos culturales y simbólicos conscientes. Por lo tanto veo muy acertada la puntualización de Marimar sobre la ansiedad, a la que yo llamaría angustia.

    Una explicación que veo más correcta sobre la sombra y su gestión es por ejemplo la de Jason Louv.

    E insisto, me encanta esta entrada.

    Abrazos muchos

    • Totalmente de acuerdo con la puntualización. La sombra abarca más que el miedo y es parte integrante de nosotros, no necesariamente el lado malo, si no algo que nos completa y que permanece oculto hasta que emerge del subconsciente.
      Por tanto, como decís Marimar y tú, podemos hablar de miedo como una emoción de base, que emerge del cuerpo amorfo e interior, más amplio, que es la sombra y que por otro lado, causa, ante una proyección futura, la ansiedad o la angustia.

      Con respecto al enlace de Jason Louv… UAU, qué nivel de profundidad y de abstracción. Lo he leído hasta el final, pero eso no quiere decir que haya comprendido e integrado todo. Lo iré digiriendo poco a poco.
      Por el momento, me contento con tu añadido y te lo agradezco.
      Aaaabrazos.

  8. Marimar dice:

    La sombra es todo aquello que esta en nuestro interior y que no somos conscientes de que forma parte de nosotros. Emerge automáticamente como resultado de diferentes estímulos , ya sean buenos o malos, para defensa, interacción o comunión con el entorno.
    solo una opinión más. Besos.

  1. 1 febrero, 2015

    […] supone un grave olvido. Una falta que tan sólo contribuye a que nos centremos en lo negativo, que alimentemos nuestros miedos con esas alarmantemente malas […]

  2. 4 febrero, 2015

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