Necesidad de reconocimiento, la trampa para la autoestima.

Muchas personas tenemos una necesidad de reconocimiento que nos viene en parte del hábito educativo del refuerzo positivo y de una autoestima construida a partir de la respuesta de los otros. Son dos cosas a cambiar si queremos ganar nuestra independencia emocional y mantener un buen nivel de amor propio.

Si en una entrada anterior hablaba de los miedos y de cómo nos condicionan en nuestra vida, esta vez voy a profundizar un poco sobre un miedo concreto: el de no ser reconocidos. O lo que es equivalente, la necesidad de reconocimiento.

Se puede decir también el miedo a no ser valorados suficientemente y se traduce finalmente en una necesidad socio-emocional, la necesidad de reconocimiento, que cuando no se ve satisfecha, nos puede producir un malestar de diversos grados (hasta graves depresiones).

Y es que hemos aprendido a relacionarnos con los otros de esa forma. Hacemos algo bien y nuestros espejos (las personas que tenemos alrededor y con las que solemos compartir un vínculo afectivo) nos premian con buenas palabras o actos gratificantes en retorno.

muy bien

Thumbs Up Yellow Card, por Oh Geez! Design

Vamos, que estamos acostumbrados a recibir un reconocimiento a modo de palmadita en la espalda por cada cosa que hacemos bien. O con esfuerzo. Y si no recibimos esa respuesta, rápidamente nos preguntamos qué es lo que nos ha faltado o qué otra cosa deberíamos haber intentado en su lugar.

El refuerzo positivo como origen de la necesidad de reconocimiento

El refuerzo positivo hace mucho daño. Tanto como el negativo, pero de una forma más sutil. Y comienza temprano. ¿Quién no aplaude o anima a un bebé con sus primeros logros?

De toda la vida hemos oído o pensado que es algo bueno, que anima a quien lo recibe a seguir mejorando y superándose. Pero voy a nombrar algunas de las peores consecuencias de decir muy bien, resumiendo un poco del artículo de origen, de Alfie Kohn, o su traducción al español, que encuentro realmente recomendable leer.

Para empezar, una persona que recibe refuerzo positivo, cuando se acostumbra a ello, se hace dependiente emocionalmente de éste. Sobre todo si la relación emocional con la persona que se lo da se reduce a este tipo de intercambios.

Pensemos en un padre muy atareado con su pequeño de dos años. Le hará una fiesta cada vez que haga algo gracioso o que considere que es bueno para él y su aprendizaje. Y como es posible que por la falta de tiempo no le dedique la suficiente atención, el niño acabará buscando esta atención reproduciendo precisamente lo que sabe que genera una reacción en su padre. Un juego, una pirueta, una risa forzada, una mueca, lo que sea por conseguir un pequeño momento con su progenitor.

Lo he visto en bebés de incluso menos de un año, y en youtube hay millones de ejemplos más: niños que hacen cosas de verdad increíbles, en busca de la atención de los adultos. Y vaya si la consiguen.

necesidad de reconocimiento

Child Keyboard Prodigy, por Stephen McGraph

Este tipo de niños acaban necesitando el refuerzo más que nadie y cuando no lo tengan, sentirán un vacío que les producirá carencias emocionales, a la larga más serias. Serán adictos del reconocimiento y probablemente continuarán con el mismo patrón cuando crezcan, comportándose como el payaso de la clase, o desviviéndose por destacar en algo que atraiga la aprobación de los demás.

Otra consecuencia negativa es la pérdida de la creatividad y el interés. Un pequeño que recibe elogios por un dibujo que acaba de hacer, irá perdiendo poco a poco el interés por explorar ese mundo creativo, como lo demuestran algunos estudios citados en el artículo de Kohn. De hecho el interés pasará a acapararlo el recibir el refuerzo. El niño cada vez será menos ocurrente, demandará ideas y al final, sólo dibujará para conseguir el premio, aburriéndose rápidamente cuando no haya posibilidad de que éste le llegue.

Mirándolo desde otra perspectiva, felicitar a alguien por haber conseguido una cosa encierra un mensaje sobre el que podríamos cuestionarnos. ¿Quiere decir que de alguna manera no esperábamos que lo consiguiera o que como mínimo teníamos nuestras dudas? Si, como no me canso de decir, confiamos en la infinita capacidad humana de crecer y crear, no nos debería sorprender que alguien llegue a realizar algo de una forma original, bonita o llanamente bien hecho (en términos de eficacia o utilidad). Si es algo que le gusta y a lo que le dedica tiempo, es muy probable que acabe siendo bueno en ello, sin contar con que a veces tenemos ciertos talentos para algunas cosas.

Y simplemente, el refuerzo positivo, cuando se ejerce sobre los niños porque logran hacer algo que la mayor parte del resto de la humanidad puede hacer, como andar, saltar, coger una pelota o pinturrujear sobre un papel, es totalmente innecesario, desde este punto de vista.

creatividad intacta

little artists:2, por Elaine Faith

Por último, un niño que ha recibido un muy bien tras ejecutar una tarea, es muy probable que la siguiente vez que la vaya a ejecutar falle, por las expectativas inconscientes a recibir de nuevo el reconocimiento, que activarán diversos mecanismos que entorpecerán su éxito.

Todo ello no elimina la importancia de cariño, atención y apoyo que tienen los pequeños. Además de que hay algunas pistas en el artículo citado sobre cómo actuar en lugar de dar refuerzo positivo.

Auto-construcción de nuestra autoestima

Después de los complicados años en los que muchos tratamos de mantener a flote nuestra autoestima, sobre todo en la adolescencia y juventud, he podido observar que resulta muy peligroso, por no decir inútil, mantenerla a base de la respuesta positiva de los otros. Precisamente por la necesidad de reconocimiento que esto genera. O lo que es lo mismo: porque nos hacemos dependientes de un factor sobre el que no tenemos realmente el control.

Podemos esforzarnos mucho por ser buenos en algo, como decía más arriba, y seguir siendo elogiados por ello. Podemos ser complacientes, simpáticos, cariñosos, graciosos y toda una serie de adjetivos que por norma agradan a los demás. Todo ello, de forma más o menos indirecta, para recibir elogios y mantener amistades y relaciones.

El problema está, si lo que intentamos es destacar en algo, en que seguro que hay alguien que lo hace mejor que nosotros. Siempre pasa, es inevitable. Por lo que es probable que no nos sirva mucho tiempo para atraer la atención. Pero sobre todo, la gran trampa es que seremos dependientes y nuestro estado de ánimo variará conforma a la respuesta externa.

Así que el enfoque para trabajar la autoestima debe ser radicalmente diferente. Es importante que se base sobre la auto-indulgencia (aceptar y perdonar nuestros errores, sin olvidar que el objetivo siempre debería ser mejorar) y la auto-valoración.

¿Te suena? Conocimiento de uno mismo, trabajo emocional… cómo soy, qué tengo para aportar, qué sé hacer, qué me gusta hacer, por qué hago lo que hago, hacia dónde quiero ir… hay diversas preguntas a plantearse. A diario.

mis emociones

Emotions, por Tuckett

De esta forma podemos ver lo que nos gusta y lo que no nos gusta de nosotros mismos. Intentando no aplicar filtros externos. Porque dentro de un contexto social, por ejemplo, puede estar mal visto dejarse barba. Pero a mí ME gusta mi barba. Así que puedo llegar a sentirme a gusto con ella a pesar de recibir multitud de mensajes negativos del exterior.

Es un ejemplo muy superficial, pero creo que me explico con ello, además de que me recuerda que podría cambiar las fotos que tengo en cada perfil, hechas hace año y medio. Nada que ver…

Una adicción más

En fin, finalizo la reflexión, comparando la necesidad de reconocimiento como una sustancia adictiva, como algo a lo que nos podemos enganchar, con síndrome de abstinencia y todo.

Ya he hablado en la entrada que redefine el concepto de droga, de esa necesidad de la que dependemos emocionalmente, que nos atrae y nos hace sentirnos mal cuando no la satisfacemos, aunque en realidad sea una necesidad que parte de una carencia emocional, una construcción de nuestra mente.

En este sentido, es posible trabajar para deshacerse de ella. La base está, repito, en el trabajo de conocimiento y autoestima. Trabajo ¿eterno?, pero gratificante a medida que uno se da cuenta de los avances.

autoestima

Eruption of happiness, por Mateus Lucena

Lo reconozco como un trabajo que me es propio, como algo que a mí me toca enfrentar en mi vida. Tal vez sea también tu caso. Si es así, ¿tienes algún recurso o herramienta que te haya sido especialmente útil y quieras compartir?

No dudes en hacerlo, difundiendo si te ha gustado esta entrada para que más gente pueda participar del diálogo.

¡Hasta la semana que viene!

 

 

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24 Respuestas

  1. Marimar dice:

    Estoy de acuerdo contigo en esta entrada, psicológicamente verdadera, emocionalmente autentica y bastante sugerente para el dialogo.
    En mi he sentido esta adición y todavía hoy la siento, no ha sido solo un episodio de la infancia o la adolescencia. Crecí en un entorno de personas con mucha edad o con problemas de relación y desarrolle una clara necesidad de reconocimiento, pero en mi caso no hubo demasiados refuerzos positivos y si ansiedad por algunos refuerzos negativos. No sabría explicar bien mi continuo esfuerzo por ser la mejor en algo, buscando incluso en algún momento que alguien hiciera una locura por mi, ser el centro de algo. Todo esto ha hecho que mi personalidad se haya desarrollado en un sentido extravertido en reuniones aunque esconde claramente una introversión que nadie ve, porque yo inconscientemente oculto.
    Bien, llegado a este punto pienso, indudablemente, que nuestra autoestima la tenemos que configurar nosotros mismos sin fijarnos en lo que piensen los demás, pero es complicado porque vivimos sumergidos en una sociedad que marca objetivos, porque convivimos con otras personas con las que interaccionamos, porque emocionalmente compartimos sentimientos y no podemos desasirnos de ellos para que no nos afecten sus miradas aunque no digan nada. La labor de configurar nuestra estima es ardua y creo que en alguna ocasión no viene mal un refuerzo positivo, sin ser desproporcionado , esto es refuerzo positivo si pero sin pasarse. No se si me explico. Si cuando somos pequeños se nos aplaude todo no se llega a activar la verdadera autoestima, pero si se refuerza algo positivamente y se enseña a luchar por la autoestima propia, a valorar los logros de los demás y a no preocuparse si alguna cosa no sale a la primera, yo creo que sera revitalizante para luchar por nuestro propios logros y progresos, y por supuesto teniendo una presencia activa y de calidad de los padres con respecto a los hijos.
    A mi me queda mucho por hacer en relación con mi autoestima , y quizá no consiga quitarme el lastre del reconocimiento , pero por lo menos ya se que esta ahí y este es un primer paso . En cuanto al papel de madre solo me queda desear que mis hijos encuentren su autoestima ,porque no puedo volver a empezar para borrar las cosas que hacen que ellos todavía la estén buscando. Un abrazo.

    • Como dices, la mayoría vivimos dependiendo de cierto reconocimiento y claro está, de todos los estados emocionales por los que pasamos por el mero hecho de estar vivos.

      Sigo manteniéndome en contra del refuerzo positivo.
      Como decía en la entrada, otra cosa distinta es el apoyo y la atención. Si el pequeño que crece a nuestro lado se tropieza y se cae, podemos ayudarle a levantarse y a que no se sienta torpe por ello. Si logra avanzar en algo, podemos simplemente preguntarle cómo se siente.
      Había olvidado que el artículo también hablaba de
      robar la emoción del niño. Cuando mostramos aprobación le imponemos una emoción de triunfo que no tiene por qué existir en él. Es más importante que él mismo se sienta, comprenda lo que ha conseguido e identifique qué significa para él. Así será protagonista de su vida y emociones.
      Un refuerzo, por pequeño que sea, interfiere en esta evolución.
      Lo mismo ocurre con el desarrollo de su autoestima. Podemos ayudarle a describirse y a ver sus puntos fuertes sin necesidad de hacer una fiesta de ello. Que la persona interesada sea la que se da cuenta de sus capacidades. Esa es la base de la autoestima construida por uno mismo.
      Por eso, como madre, puedes quedarte tranquila. Porque lo has hecho lo mejor que sabías, pero serán tus hijos quienes encuentren su valor por ellos mismos. De otro modo nunca se apropiarán de él y por tanto, no será verdadero.
      Un abrazo!

  2. Pablo dice:

    Hola Miguel….la verdad que me he quedado bastante en shock con tu publicación puesto que como ya sabes yo intento trabajar mucho con refuerzos positivos en el colé, con la intención de animar. Llevo poco en la educación pero me he encontrado con mucha gente que lo que hace es machacar al alumno con refuerzos negativos y creo que es por eso que yo intento hacer lo contrario…tal vez por intentar compensar tanto ataque…y resulta que ahora a lo mejor no es lo mejor…. A mi me ha funcionado muy bien el animar al alumno, el darle una palmadita en la espalda, el jalearle, el decirle muy bien en público…no se si lo haré bien o no pero creo que si que les es de ayuda…

    • Hola Pablo!
      Para empezar, los refuerzos positivos, los considero un mal menor (los negativos son el mal en sí mismos).
      Para mí, revisar ese artículo del que hablo, me cambió mucho la perspectiva, lo cual no tiene por qué valer para cualquier persona.
      Y si eso reduce el shock, considero que el refuerzo positivo hace más daño en la infancia. Una vez en el instituto, los adolescentes/jóvenes ya vienen con esa carga y es muy difícil actuar de otra forma, ya que la ausencia de refuerzos probablemente cause rechazo o como mínimo, indiferencia. De hecho, es probable que frente a los refuerzos negativos de otros adultos y siendo que están acostumbrados a que las palmaditas son una de las formas más satisfactorias de relación, el refuerzo positivo les animará bastante.
      Al final, es cuestión de que puedas ver cómo reaccionan a largo plazo y si hay alguno de los efectos que menciono más arriba y, ante todo, que tú estés a gusto y tranquilo con tu forma de enseñar y de relacionarte con ellos.
      Como creo que es el caso, sigue tal como eres con tus chicos. Creo que eres un ejemplo a seguir para muchos profes, sobre todo por lo que disfrutas de tu trabajo.
      Un abrazo!

  3. Marimar dice:

    Para mi el apoyo y la atención ya son un refuerzo positivo. No se puede mezclar una educación desde la base (bebe) con la de mas mayores que ya llevan un bagaje de refuerzos de todo tipo. Por eso en mi caso siempre he necesitado un poco el refuerzo positivo quizá, como dice Pablo, para compensar los refuerzos negativos o la ausencia de refuerzos.
    Este tema es muy complejo, y entiendo lo que quieres decir de no influenciar sino apoyar, pero en determinados momentos de la vida creo que necesitamos refuerzos positivos , aunque solo sea para seguir adelante con nuestros propios pensamientos e iniciativas.

    • Entiendo lo que dices con respecto a que los refuerzos positivos pueden sentar bien a las personas que son bombardeadas continuamente con presión y castigo.
      Aunque dentro de mi definición de refuerzo positivo no incluyo el apoyo y la atención, ya que estos no suponen necesariamente el envío de un mensaje que valore un logro.
      Por otro lado y para continuar un poco con la relación entre el adulto y el niño/adolescente/joven en una institución educativa, el refuerzo positivo puede suponer una trampa. La persona que lo recibe puede sentirse bien y valorada, pero esa relación se va a terminar en el momento que el alumno salga del centro. Por tanto, al no ser una relación que se base sobre la iniciativa y emociones de ésta, va a suponer un bálsamo y no una construcción duradera para su autonomía emocional y su autoestima.
      Es como el cuento de dar un pez a un hambriento o enseñarle a pescar.
      Tenemos hambre y lo que necesitamos en realidad son herramientas y no que alguien nos dé la comida hecha. El apoyo y la educación para mí deberían basarse en eso.

      Sí, es un tema complejo, creo que todavía no tengo las palabras adecuadas para explicar lo que siento al respecto, pero a base de comentarios, como siempre, las voy encontrando.
      Gracias.

  4. Marimar dice:

    Te expresas muy bien y entiendo lo que quieres decir y, quizá este de acuerdo contigo de fondo.
    No soy la mas indicada para opinar sobre ello , porque esta claro que este tema no lo manejo muy bien, pero pienso que una vida solo con apoyo y sin ningún refuerzo puede llegar a ser muy triste, aunque esto es solo una opinión; y desde luego muchos refuerzos se convierten en una trampa que no te deja avanzar en tu camino hacia tu propia autoestima.
    Un abrazo

    • Aquí todos somos igual de indicados para opinar, nadie tiene la verdad y cada cual tiene su visión. Y si no la tenía antes, la forma en el momento de escribirla…

      En cuanto a este último comentario, creo que una vida sin refuerzo positivo no es triste, ya que cada vez que una persona logra cosas, crea, crece… siente emociones muy positivas. Y construye su propia identidad y autoestima.
      Esto no es triste, y puede celebrarlo cuanto quiera. La diferencia será que ella misma tendrá el control de lo que siente y que no dependerá de la opinión externa para sentirse bien cuando haya acometido estos pequeños o grandes éxitos.

  5. Marimar dice:

    Y… si no logra nada? No consigue crear algo nuevo , esta estancada y empieza a no creer en si misma.

    • Pensar en un ser humano incapaz de lograr algo o de crear para mí es imposible.
      Parto de la seguridad de que todos podemos crear y conseguir muchas de las metas que nos proponemos. No hace falta que sean complicadas y a lo largo de la infancia, el recorrido está repleto de triunfos que se cumplen de una forma automática: lograr asir un objeto, lanzarlo, gatear, ponerse de pie, andar, saltar, pintar…
      Y un adulto igual, sólo que a veces es cierto que sufrimos bloqueos. Pero si partimos de un buen trabajo emocional precedente, esto no ocurrirá tan a menudo.
      Tal vez la cuestión, llegados a este punto sea cómo trabajar la autoestima cuando hemos pasado una vida con refuerzos positivos, negativos y sin una base emocional sólida. Para eso, cuando encuentre la respuesta, te lo digo. 🙂

  6. Marimar dice:

    Ja, ja , vale.

  7. Hola Miguel!!

    Bueno, creo que sabrás por qué he llegado a este post y, además de agradecerte tu comentario en el mío, tengo que decirte que yo también me he quedado en Shock. ¿no puedo decirle bien a mi hija? Me niego!! 🙂

    Supongo que, como en todo, lo bueno de conocer todas estas cosas es disponer de los conocimientos suficientes como para escoger tu camino. En mi caso, el otro día mi hija consiguió colar una ficha dentro de su agujero (en esos juegos de cuadrados, triángulos, etc) y yo, sorprendido, le hice una fiesta. Ella siguió todo el rato metiendo la ficha y, cuando lo volvía a conseguir, me miraba y aplaudía pidiendo su fiesta. ¡Pues fiestas para la niña!

    Igual es cierto que esto podría, a la larga, provocarle una dependencia; no lo se. Pero lo cierto es que yo no se hacerlo de otra forma y me doy el gustazo, porque me sentí (siento) súper orgulloso. Así que, igual lo hago mal, pero elijo hacerlo así.

    Con esto no quiero decirte que no me haya gustado tu artículo, ojo! ¡Me ha encantado y sabes que opino de forma parecida y que recientemente he hablado sobre “autoestima” y “reconocimiento”. Así que, por ese lado, genial!

    Ahora bien, me gustaría debatir contigo (y quizás de para un post): ¿verdad que es peligroso tomar como “fórmulas mágicas” todos los artículos, noticias, posts o libros que se publican sobre cómo actuar o no en qué y cuáles circunstancias? ¿O qué opinas tu?

    Abrazacos!

    • Me pones difícil no contestar de inmediato, y eso que me iba a dormir…
      Y empiezo por el final: un gran NO a las fórmulas mágicas. Es igual cuando te pones a hablar con cualquiera de temas como dietética, crianza de hijos, política o tipos de papel de váter. Todo el mundo tiene su opinión, respaldada por un libro, revista o profesor, y no tan a menudo como debiera, por propia experiencia.
      De hecho, las personas que basan su opinión en su experiencia, necesitan muy poco debatir sobre ello, ya que están tranquilos por haber encontrado lo que les funciona. Los demás, tendemos a defender a capa y espada las opiniones de terceros porque tienen el respaldo de una comunidad, reconocimiento o un título importante. O a veces, fíjate tú qué cosas, porque nos parece lógico y sensato.

      Así que yo, por no tener hijos propios, no tengo nada que enseñarte. Tan sólo he podido comprobar algunas de estas cosas con peques a los que he cuidado por tiempo prolongado y en mis diversos trabajos en el mundo de la animación y el tiempo libre. Pero aún tengo mucho que aprender.
      No obstante, comulgo con el artículo de Kohn y animo a todo el mundo que se plantee cuestiones sobre crianza a leerlo. Existe por ahí una versión traducida al castellano para quienes no controlen tanto el inglés; preguntadme y os la paso.

      Y está genial que cada cual elija su camino. En eso se basa la diversidad y así debe ser. Además, nos da vidilla en los comentarios. Me alegro de que la participación que ha habido con esta entrada 🙂

      Gracias Víctor por el comentario y por compartir mi enlace en tu blog.
      Un abrazo!

  8. Pablo dice:

    Madre mía Miguel….dejo de leeros dos días y que maravilla las cosas que habéis dicho tanto tu como marimar…me gustaría comentar un par de cosas desde mi pequeño punto de vista…
    Estoy de acuerdo contigo plenamente en un adecuado trabajo emocional precedente, creo que sería la solución para muchos de los problemas que yo al menos me encuentro en la escuela con los adolescentes. Cuando un chaval tiene autoestima, cree en si mismo, es alguien seguro….puede con todo y aunque falle, sabe que luego lo podrá volver a intentar y por supuesto crea, imagina y es feliz…pero creo que son muy pocos los que llegan a este punto. Mi pregunta y mi cuestión es quien debe hacer ese trabajo emocional previo…los padres, el colegio, los amigos??…yo al menos, encuentro una relación muy directa entre chavales con baja autoestima o incluso con depresiones y la familia….
    Otra cosa y mientras conseguimos cambiar este aspecto, es que con estos chavales adolescentes(ya siento ser pesado y recurrir siempre a lo mismo, pero es lo que conozco) yo si que creo que el refuerzo positivo les ayuda a crear a ganar confianza y lógicamente a ganar autoestima. Siempre y cuando no se convierta en una droga y lo hagan siempre para buscar la aprobación o el cariño. Es un tema complicado por supuesto, pero creo que se puede lograr.
    Y por ultimo una cosa que escribías miguel y que tienes razón pero no me gusta, es cuando hablas que la relación entre un alumno y el profesor se acaba cuando acaba el colegio. No creo o no entiendo que debiera ser así. Creo que es positivo que aunque acaben el colegio, sepan que uno sigue ahí y que puede contar con el para lo que necesite o para tomar un café…pasamos mucho tiempo con ellos, vivimos muchas experiencias, muchos acuden a ti puesto que en la familia no disponen de ese apoyo….así que al menos ofrecerles esa oportunidad para el que quiera….muchos por supuesto desaparecen y no quieren saber nada de nosotros….
    Bueno os dejo que tengo clase jejeje…cuidaros mucho

    • Ya ves, lo que nos cunde, Pablo.
      Pues para empezar a responderte, para que una persona aprenda a gestionar sus emociones, deberían ser todos los adultos que hay a su alrededor los que le ayuden, sobre todo, dando ejemplo. Pero también explicándole y sencillamente estando presentes para recibir la expresión emocional de cada situación, sobre todo las difíciles. No hace falta intervenir mucho, una escucha activa es la mejor ayuda que podemos dar y en todo caso, nombrar las emociones que vemos para que se sienta comprendido y aprenda también a identificarlas.
      Claro, es difícil que todos los adultos estén a la altura…

      Por otro lado, si tú estás ahí para ellos, sobre todo cuando tienen baja autoestima, si tu apoyo no crea dependencias, es que les estás ayudando sin crear esa necesidad. Así que creo que en el fondo estamos de acuerdo y nos expresamos de forma algo distinta.

      Y por último, de nuevo marcas una diferencia con respecto a muchos profes. Y es que es difícil mantener la relación con antiguos alumnos. Yo me refería a que es lo que suele pasar. Si mantienes el contacto y sigues siendo un adulto referente con buenos hábitos y capacidad de escucha, serás muy valioso para esa persona (lo exprese o no). Aunque a la larga, es probable que pierdas el contacto con muchos chavales (sería muy complicado mantenerlo con las decenas o veintenas de alumnos que pasan cada año).
      Mientras la relación deje hueco a la autonomía emocional, como digo, sea más o menos duradera, no veo ninguna pega.
      Que disfrutes de tus clases! 😀

  9. Ana dice:

    Por lo visto este artículo ya tiene bastante tiempo de haber sido publicado pero dejaré mi comentario de todos modos

    Desde pequeña siempre he sido muy consentida por toda mi familia: mi mamá me organizaba grandes fiestas todos los años y me obsequiaba muñecas que podrían haber válido una fortuna, y mis tías me felicitaban por ser una niña bastante inteligente y talentosa, todos, absolutamente todos me decían que era una buena hija y que en el futuro sería la persona más importante en el mundo.

    El que todos se preocuparán por mí y que me protegieran como si me tratase de algo sumamente valioso me hizo tener la necesidad de seguir siendo el centro de atención, por lo que adopté esta personalidad de “niña buena y bien comportada”. Me volví la mejor de la clase con tal de recibir más elogios por parte de mi mamá, nunca le contesté o hice algo malo para que se enojara conmigo; pero con el tiempo ser la mejor en todo se volvió algo simplemente agotador, tanto así que me desconocía a mí misma, ni siquiera sabía que era lo que realmente me gustaba y cuando me preguntaban con respecto a qué quería hacer con mi vida respondía con las profesiones más impresionantes que se me ocurrieran.

    Entonces, de pronto se vino todo abajo. Aparecieron personas que hicieron lo posible por hacerme sentir como escoria… y con el tiempo realmente empecé a creermelo. Me desesperaba al no lograr destacar por encima de los demás como antes, y mi alta autoestima fue decayendo. Desarrollé cierto temor por interactuar con otros hasta tal punto de sentir náuseas.

    Cuando pude superar estos obstáculos tuve el inexplicable deseo de empezar desde cero. Ser alguien más, alguien más que una niña buena y aplicada. No obstante, al comenzar la Preparatoria mi mundo se expandió de una forma muy espontánea, me topé con chicos y chicas, quizás con mayores o menores recursos comparados a los que yo tengo, que me superaban por mucho en ‘todo’. Personas con IQ impresionante, personas con la cualidad de dibujar rostros, personas con la capacidad de redactar libros completos, personas con talento en los deportes, etcétera. En aquel momento me sentí como un ser inferior, me vi con la desesperación de destacar en algo y no lo lograba. Daba el 100 por ciento en los exámenes, pero siempre era superada por otros. Me mataba por ser la más inteligente, por ello, me llené de sentimientos negativos tales como: irá, envidia, rencor, un profundo odio a mí misma por no poder cumplir con las expectativas que todos tenían de mí. Si sacaba 9 de 10 me volvía loca.

    Tuve que reflexionar sobre muchas cosas para poder levantarme, llegó el momento en el que comencé a cuestionarme ¿por qué? ¿por qué no podía ser mejor que los demás? Me impuse un alto finalmente cuando empecé a enfermarme, aún tengo diecisiete años y padezco de muchas cosas que una chica de mi edad no debería padecer. Entendí que sobre exigirme con tal de alimentar mi propio ego me estaba destruyendo. ¿Por qué a mí ? Me dije a mí misma. Y entonces comprendí que debía reconocer mis propias limitaciones, OK, no seré la mejor de mi clase, OK, no soy buena en los deportes, y OK, no seré la mejor relacionándome con otros, PERO, ¿cuál es mi ‘habilidad’? Se me da escribir, quizás hayan personas MÁS capacitadas para ello, pero si me tomo la disposición definitivamente PUEDO mejorar. También me pregunté si quería seguir viviendo de esa forma, sin haber disfrutado de mi adolescencia, sin tener amigos por toda esa envidia que llevaba guardada dentro, de seguir siendo tan obsesionada jamás podría haber alcanzado la felicidad, solamente estaría sumida en una enorme desesperación… y dentro de unos cuantos años quien sabrá la estupidez que pude haber hecho.

    Uno debe mentalizarse que por más que duela siempre habrán personas más capacitadas y mucho más talentosas. Ser el centro de todo no es una obligación para ser feliz o para sentirse vivo. Lo que te hace sentir vivo es averiguar qué es lo que realmente te apasiona a pesar de que no seas bueno en ello, te sientes motivado a seguir mejorando pero, no por el simple hecho por destacar, sino porque te hace sentir MUY bien contigo mismo.

    EQUIVOCARME Y SEGUIR ADELANTE ES PARTE DE LO QUE AHORA ME HACE SENTIR VIVA. Porque ningún ser humano es perfecto.

    Gracias por leer mi experiencia.

    • Sí, el artículo es viejo, pero por lo visto, es uno de los más leídos del blog.
      Y tu experiencia vital creo que viene a ser un claro ejemplo de lo que hablo. Un ejemplo muy repetido, por desgracia, y con el que yo también me siento identificado.

      Gracias por compartirlo. Y me alegro de que con esa edad seas tan consciente de ello. Es un paso muy importante que a mi me ha costado un poco más dar. Pero siempre hay alguien que lo hace mejor y más rápido, ¿no?
      Un saludo

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