Errores: copiar, pegar y vuelta a empezar

¿Qué sería de nuestras vidas si no cometiéramos errores? Algo aburrido, una experiencia de la que no tendríamos nada que aprender, puesto que lo haríamos todo bien. Un sinsentido, vamos.

Y aún así, nos cuesta aceptar que los cometemos. Grandes, pequeños, por la mañana, por la tarde, en el trabajo, en nuestra vida de pareja, en la personal.

errores caida

Ciclista en La Rambla Catalunya, Por Julio Alexander

De hecho, nos suele costar más aceptar nuestras equivocaciones que las de los otros. Porque las últimas las podemos ver bien claramente y de cara a nuestra autoestima, no nos afectan. Es así que desarrollamos un nuevo miedo, sumado a otros miedos que ya podamos tener, que es a meter la pata. Y nos hacemos ciegos a los errores propios.

Por lo que insisto: herrores, los cometemos todos.

5 motivos por los que no preocuparse de cometer errores

Es posible no pre-ocuparse, o lo que es lo mismo, temer de antemano el hecho de cometer un error. Para empezar, ocuparse de algo que todavía no ha pasado, carece de sentido. Ya tendrá tiempo nuestro yo-del-futuro de encargarse del tema, en el caso de que suceda, lo que no es seguro.

Y además, he podido encontrar algunos motivos que a mí me resultan tranquilizadores para evitar este temor infundado:

  1. Ser humano significa cometer errores. Seguro que lo haces de vez en cuando. La perfección es una meta imposible. Así que cuando llegue el tropiezo, sé indulgente.

    errores humanos

    errorhumano, por chaos nt

  2. Cada error es una oportunidad para aprender. Cuando ves dónde te has equivocado, tienes toda la información de base que necesitas para no equivocarte de nuevo. Al menos, en lo mismo. Por lo tanto, los errores son fuente inagotable de aprendizaje.
  3. Cuando te equivocas y no lo ocultas, muestras tu humanidad, tu posibilidad de fallo. Eso acerca a los otros, no sólo porque puedan empatizar contigo, sino porque tú te estás mostrando tal y como eres y no por encima de los otros. La sinceridad genera confianza.
  4. Cada error es, además, nueva información sobre ti. Siempre y cuando no sigas tropezando con la misma piedra. De esa forma, cuando intentes cosas nuevas y cometas nuevos errores, estarás ante nuevas facetas de ti que no conocías. Tal y como te sientas ante esta situación, podrás elegir en qué debes trabajar para mejorar en ese aspecto o simplemente, dónde puedes centrar tu atención.
  5. A lo largo de la historia, muchas invenciones y creaciones son el fruto de un error, un resultado no esperado de una prueba que pretendía otra meta o que incluso ni siquiera tenía un objetivo. Así que ya sabes, prueba y equivócate cuando crees; tienes más posibilidades de conseguir resultados cuanto más lo intentes y tal vez incluso algunos inesperados.

Limitar la producción de errores

Ahora bien, una cosa es no preocuparse y otra es dejarnos caer una y otra vez en conductas o decisiones que pueden perjudicar a otros, pero sobre todo a nosotros mismos.

Partiendo de la base de que somos verdaderas máquinas de errar, podemos trabajar para precisamente reducir la producción.

maquinas de errores

Diebold Voting Machine with Windows Error Message, por Fred Benenson

Cuando nos equivocamos, podemos sentir vergüenza, arrepentimiento o tal vez un ligero malestar. En cualquier caso, solemos ser mucho más conscientes de ello que de muchas otras emociones. Y aunque debido al miedo a no recibir reconocimiento o a una baja autoestima, nuestra mente se encargará de tapar nuestra metedura de pata, solemos tener más pistas, como digo que ante otras situaciones. Sobre todo porque la gente a nuestro alrededor, cuando sufra las consecuencias, tenderá a hacernos saber esa cosa que les ha molestado o perjudicado.

Lo más difícil es justo el primer paso: reconocer el error. A partir de ahí, todo suele ir rodado, ya que muchas veces nuestro interlocutor relajará la tensión que se pueda haber generado al ver que asumimos la responsabilidad y que no tiene que luchar con nosotros para que lo hagamos. Es más, es probable que en el momento en el que entonemos el mea culpa, se suavicen y olviden la situación o que nos propongan soluciones. Así podemos comprobar lo que cuesta tomar el peso de la responsabilidad. Más aún cuando pensamos que no nos atañe a nosotros.

asumiendo errores

Exposed, por Hartwig HKD

Después del reconocimiento, nos quedan dos trabajos: enmendar las consecuencias negativas del fallo y comprometernos a no volver a errar de la misma manera (seguro que se nos ocurre otra). Si lo hemos identificado bien, no es difícil pensar en diversas soluciones y en estar atentos en futuras oportunidades de repetirlo. Podemos hacernos recordatorios de mil formas, proponer soluciones con varias personas, hablar y debatir sobre el problema que haya podido causar, acudir a especialistas de mediación, terapeutas, etc.

Sólo asumiendo este trabajo de reconocimiento, búsqueda de solución y compromiso podemos reducir el número de errores que cometemos a diario. Bueno, o al menos, a hacerlos más variados, porque repetir siempre los mismos, además de aburrido, puede resultar muy frustrante.

La comunicación es crucial

El reconocimiento del error precisa para ser eficaz de buenas habilidades en la comunicación.

Expresarse de una manera asertiva, precisa y clara con respecto a nuestras emociones y postura, evitar la violencia verbal (ataques o reproches) y en definitiva, transmitir la decisión de asumir la responsabilidad, facilitará la relación con los otros. Sobre todo teniendo en cuenta que sea lo que sea en lo que nos hemos equivocado, probablemente les ha afectado de forma negativa.

Con cualquier persona, pareja, amigos, compañeros de trabajo, con nosotros mismos… sinceridad y una visión clara de hasta qué punto el error ha sido cosa nuestra, separando los hechos de nuestras emociones, aunque lo expresemos todo en el mismo pack.

Los errores como fuente de humor

Aprender a reírse de uno mismo es muy complicado. Pero las pocas personas que de verdad lo logran parecen vivir un poco más tranquilas y felices que el resto.

Esas personas pueden llegar a ser una fuente de anécdotas graciosas. Gente que ha cometido MUCHOS errores en su vida, que lo acepta y que hace reír a los demás contando sus historietas. Y es que escuchar cómo alguien se ha equivocado tanto nos relaja en cierta forma, nos hace pensar que no somos los únicos que nos caemos y que de caídas más grandes que las nuestras, otros logran levantarse como si nada.

errores y humor

At an angle, por Redteam

Es decir, comprobamos que es posible superar cada equivocación, que no perdemos valor en nosotros mismos por ello.

Esta buena gente, además de resultar entrañables (empatizamos fácilmente con este tipo de historias) y de hacernos pasar buenos momentos, han descubierto un gran secreto vital. Utilizan de verdad el humor y no dejan que un acto natural en el ser humano como es errar les amargue la existencia. Al contrario, sacan fuerza de ello y contribuyen a hacer su entorno más agradable.

Estoy harto de repetir los mismos errores

Si a pesar de todos nuestros esfuerzos continuamos cayendo en las mismas trampas, si nuestras relaciones con otras personas siguen sufriendo por las mismas causas (con origen en nuestras decisiones y actos) y nos vemos incapaces de cambiar esto, sólo podemos seguir intentándolo.

aprender de errores

Chasing wonders, por Niklas Jumlin

Nunca darse por vencidos. Armarse de paciencia, usar todos los lo siento’s sinceros que tengamos, pedir ayuda, consejo, escribir una entrada en tu blog sobre el tema para que otras personas opinen y tal vez te den más pistas… Todo es válido para hacer de tu existencia un camino lleno de piedras, todas distintas, en el que te rías de tus tropiezos y no dejes de levantarte. ¿Alguien habló de volar?

¡Pasa una buena semana!

 

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8 Respuestas

  1. Marimar dice:

    Estoy totalmente de acuerdo contigo. La vida de uno mismo, que se construye con experiencia, tiene de base el error o como se dice científicamente “respuesta error-acierto”. El ser humano es activo en en su camino de decisiones hacia la supervivencia, ya sea psicológica o física, y hasta cuando se queda pasivo esta tomando una decisión. Pues bien, estas decisiones siempre pueden tener errores y aciertos, pero no lo descubrirá hasta que no la lleve a cabo. Esto nos lleva a la duda eterna de “qué hacer” y siempre es nuestro miedo a errar lo que nos hace parar a pensar. Hay personas decididas que tiran para delante y aunque cometan errores siempre tienen fuerza para volver a empezar y aprenden, otras tienen miedo y toman la decisión de no-acción y aprenden menos, a estas les diría que, como tú dices, hay que arriesgarse para encontrar.
    No importa cometer errores, los grandes sabios lo son porque han cometido muchos y esta es la fuente de su sabiduría. Estoy hablando de errores que tienen que ver con nosotros, que no hagan daño a nadie y que sepamos reconocerlos, sin vergüenza ,¿quien no se ha caído y se ha levantado rápidamente para que no le viera nadie? Este es un ejemplo muy claro de esa vergüenza.
    Venimos de una cultura de años atrás en que se castigaba el error y eso también nos ha pasado factura, pero hoy en día ya no tenemos esa cortapisa y podemos ser sinceros con nosotros mismos y con los demás reconociendo nuestras “erratas” y afrontando nuestra vida sin la limitación del miedo a equivocarnos y compartiendo con los otros “erradores” nuestros tropiezos, incluso con humor, como tú dices, que es la mejor manera de enfocarlos y de pasar un rato bueno a costa de ellos.
    Un abrazo

    • Tu comentario me hace pensar también en que lo que consideramos error es un resultado distinto al esperado. Por eso, si evaluamos ese resultado deshaciéndonos de las expectativas o buscándole el aprendizaje o algún punto positivo, podemos relativizar e incluso dejar de considerarlo como un error.
      Lo que quiero decir es que la percepción del error es, como con tantas otras cosas, subjetiva.

      Con respecto a tomar la decisión pasiva (no-acción) igualmente podemos acceder por dicha decisión a resultados de los que extraer un aprendizaje. Por lo tanto, al final, cada decisión nos brinda la posibilidad de aprender y evolucionar, si sabemos estar atentos a ello.

      ¿Y tú crees que hemos dejado atrás la cultura que castiga el error? A mí me parece que todavía hoy, la era de la competencia y la competitividad, el error está muy mal visto.
      Cierto es que el castigo tal vez haya cambiado: en la escuela los maestros ya no golpean con la regla. Pero la humillación y la presión todavía se encargan de castigar a quien no hace las cosas como hay que hacerlas.
      ¿Te te referías a otra cosa?
      Abrazo

  2. Marimar dice:

    En cuanto a los errores con los demás es más complicado. Me explico. Casi nunca nos damos cuenta de lo que le hacemos a los otros o en raras ocasiones, hasta que no lo hemos hecho. Unas veces inmediatamente caemos en ello y otras hasta que no nos lo dicen estamos en el limbo, pero siempre nos cuesta reconocerlo o no queremos por orgullo. También te tengo que dar la razón, que lo mejor es la sinceridad, tanto para uno mismo de reconocerlo como para los demás de pedirles disculpas. Las disculpas nos cuestan mucho dispensarlas, pero es una labor que deberíamos practicar y afianzar en nuestra vida, porque sin ellas no empatizamos y si no empatizamos nuestro yo se debilita y nuestras relaciones también.
    Otro abrazo

    • No entiendo a qué te refieres al decir que nuestro yo se debilita al no empatizar. Yo lo vería a la inversa, es decir, alguien que no empatiza con los demás, puede crecer y evolucionar como persona si aprende a hacerlo, pero no sé si se puede dejar de empatizar una vez que has aprendido.
      Y sí, lo de disculparse y comunicarse con transparencia, viene bien aprender y nos cuesta hacerlo, por diversas razones (culturales y educativas).
      Gracias por los comentarios y otro abrazo

  3. Marimar dice:

    Entiendo que las personas deben crecer y evolucionar pero a la vez empatizar con los que les rodean, pues una parte de nuestro crecimiento como personas es la afectiva y esa solos no la podemos completar y además nuestro aprendizaje también se puede beneficiar de la interacción empatizante con el otro, que a la vez esta aprendiendo y creciendo. Buff, no se si me he explicado, pero bueno esto es complicado. Otro abrazo.

    • Vale, creo que lo he pillado: sepas o no empatizar, si vas aprendiendo a hacerlo en tu relación con los demás conseguirás con mayor éxito interacciones afectivas, necesarias para la vida social de cada individuo. Así como para crecer y desarrollarse más.
      Sí, estoy de acuerdo.
      Que no paren los abrazos.

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