Lo hacemos lo mejor que podemos

Mi primer impulso para escribir esta nueva entrada ha sido una especie de culpabilidad por dejar tanto tiempo el blog de lado.

Quería continuar escribiendo, pero la ruptura de la rutina que ya tenía más o menos establecida y la llegada de un gran nuevo proyecto que ocupa mi mente en gran medida, han hecho que me resistiera a sentarme delante del teclado para continuar con el blog.

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Y es que o bien no tenía ni idea de qué escribir o la pila de borradores iniciados no me motivaba lo suficiente. La pereza, el cansancio mental y las ganas de desconectar con algo ligero cuando por fin tenía un momento para mí, me empujaban a resistirme a la creatividad.

Vamos, que en estos últimos meses he decidido muy a menudo mandar a escaparrar el momento de escribir, normalmente a cambio de una partida online. Después de la cual tampoco me sentía mejor conmigo mismo, aunque tal vez sí algo más descansado mentalmente.

Y a pesar de todo, seguía teniendo ganas de escribir y de actualizar un poco la temática del blog, o el tono de mis entradas, como hice con la última.

Elegimos en cada momento

Cada día todos y cada uno de nosotros tenemos muchos momentos de decisión, más o menos conscientes, en los que vamos conformando el camino que recorremos.

Elegimos desayunar un vaso de leche con galletas en lugar de un tazón de cereales; café o té; coger el coche o la bici, apañar algo antes de salir y llegar con 10 minutos de retraso, o no; comer algo comprado si tenemos una jornada de trabajo larga o llevar comida preparada; llamar a esa persona con la que hace mucho que no quedamos o quedarnos tranquilamente en casa a ver una peli o echar una partida; cortarse el pelo/barba o dejarlos crecer hasta que tu cara desaparece debajo… (todos los ejemplos están basados en hechos reales).

Más tarde llegan las consecuencias de todas nuestras decisiones, mezcladas con unas gotas de la realidad de nuestro entorno y todas las variables que, por su cantidad y complejidad, se asemejan a un azar caótico.

A veces nos damos cuenta de esas consecuencias, otras pasan desapercibidas por ocurrir a nuestras espaldas o a kilómetros de nosotros en un efecto mariposa.

Incluso algunas veces, somos conscientes de que los resultados han dependido en gran medida de nuestra decisión.

Y cuando han sido consecuencias negativas, para nosotros o para otras personas, podemos sentirnos mal al hacer la relación con la opción que tomamos al principio y que constituyó el origen de la situación no deseada.

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Lo hacemos lo mejor que podemos: nuestro abogado defensor

Y aquí vengo con la frasecita. Lo hacemos lo mejor que podemos. Lo mejor que sabemos. En cada momento.

Cada ser humano, en el punto evolutivo en el que se encuentra, procura hacer las cosas respetando sus principios y valores. Claro que estos no son compartidos por el resto de sus congéneres.

Pero salvo escasas excepciones de gente realmente trastornada, todos tenemos bastante claro cuales son los límites de convivencia, pensando por ejemplo, lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros.

Pocas personas hacen daño intencionadamente a no ser que se encuentren en una situación de miedo, frustración y/o dolor. Esto le ocurre a quien se siente amenazado, ha recibido daño (y piensa que puede seguir recibiéndolo) y por lo tanto decide hacer daño para protegerse y asegurarse una posición de defensa.

Y es que quien decide hacer daño, lo está haciendo también lo mejor que puede. Seguramente su vida no ha sido fácil, probablemente un infierno, pero siempre tiene la posibilidad de tomar una decisión de cambio, por muy complicado que esto le resulte.

Pero sin irnos a estos extremos y centrándonos en la gran mayoría de la población, ese lo hacemos lo mejor que podemos implica que nos equivocamos a menudo. Que una vez tras otra se nos presenta un tipo de decisión ante el cual tenemos la oportunidad de evolucionar. Y tomaremos mil y una veces la decisión que no nos aporta nada positivo o que puede molestar o dañar a otros o a nosotros mismos.

Porque estamos cagados de miedo de lo que pasaría si, por una vez, lo hiciéramos de otra forma. De salir de nuestra zona de confort para convertirnos en el ser verdaderamente creativo que somos y que en el fondo intuimos.

Porque tenemos una especie de tendencia al auto-saboteo, a raíz de dicho miedo que nos mantiene a raya en la pasividad, en un estado reaccionario. Y con reaccionario quiero decir que no tenemos iniciativa, si no que reaccionamos a los estímulos que nos llegan, como la tele o la estructura educativa nos ha enseñado a hacer desde pequeños.

Pica? Café

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Fustigarnos o excusarnos

Así que con esta entrada pretendo dos cosas.

La primera, reivindicar el derecho a equivocarse y a reconocer que lo hacemos lo mejor que podemos, dadas nuestras circunstancias y nivel de consciencia.

Y la segunda, invitar a cualquiera que se vea tentado de utilizar esta frase como excusa, a que a partir de la consciencia de dónde nos equivocamos, atreverse a tomar una decisión diferente.

Al fin y al cabo, una vez que vemos nuestro error claramente, no es justo para los demás ni para nosotros mismos seguir cometiéndolo conscientemente. Siempre podemos trabajar esta evolución poquito a poquito, con paciencia y cuidado hacia nuestra persona, eso sí.


Así que, ¿aceptas esta verdad sobre ti, que lo haces lo mejor que puedes?

¿La aceptas en el caso de las personas que te rodean y que a veces pueden tocarte la moral?

¿La has usado como excusa, directa o indirectamente?

Espero que en cualquier caso, no te estanques y te invito a que compartas tu opinión sobre esta reflexión.

Hasta pronto (espero).

 

 

 

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4 Respuestas

  1. Marimar dice:

    Me alegra volverte a ver por aquí , pero quizá he contribuido en esa presión que has sentido en volverlo a hacer. El blog nunca se tiene que convertir en una obligación y es una decisión más el escribir o no; en este caso has decidido escribir y tu decisión nos gusta y hace bien, pero no debes olvidar nunca el que te haga bien a ti.
    La capacidad que tenemos de decidir esta dentro de nuestro libre albedrío pero lo condiciona a veces nuestro ánimo, moral o terceras personas implicadas , e incluso nuestra autoestima,si es baja con miedo al cambio y si es demasiado alta empujándonos al riesgo exagerado ; en definitiva toda decisión conlleva el riesgo de equivocación, pero esta es la que nos lleva a la experiencia .
    La frasecita en cuestión quizá en muchas ocasiones sea una excusa para no avanzar por miedo al fracaso, pero en otras tal vez sea verdad que hemos hecho lo que hemos podido o sabido , pues no somos todopoderosos y, aunque no defiendo la cobardía total para romper los esquemas establecidos, no siempre estamos preparados para salirnos de las decisiones convencionales.
    Mi experiencia particular tiene un aporte de ambas posibilidades, pues en ocasiones la he utilizado como escudo de protección y otras verdaderamente me he sentido sobrepasada por las situación y no he podido dar mas de mi.
    En cualquier caso mi decisión ahora ha sido contestare aunque tengo un fardo de plancha, bueno la plancha no me gusta, jajaja.
    un abrazo fuerte.

    • Seguro que al acabr de escribir te has puesto a planchar. 🙂
      Nada de presión por tu parte. Yo solito quiero escribir y no lo he hecho en este tiempo porque he tenido otras prioridades.

      Eso sí, me ha sentado bien hacerlo y me daría pena dejar este proyecto así, sin más. Siento que todavía puede dar mucho más de sí, que no ha acabado su vida. Tal vez sólo un primer ciclo.
      Un abrazo

  2. Marcos Domínguez dice:

    Hola Mike, perdona que haya tardado tanto en comentar, hace días que leí el artículo y me gusta, he estado liado con cosas dentro y fuera de mi cabeza, también yo lo hago lo mejor que puedo jeje, un gran abrazo querido amigo

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