Occidente

Colaboración de Marcos Domínguez Allepuz en defensa de Occidente. Sí, esa civilización en la que vivimos que se extiende sin cesar, y que pese a sus defectos, merece el reconocimiento de sus logros.

Hola de nuevo.

¿Cómo estás?

Tal vez tenías ganas de leer una nueva entrada o simplemente acabas de aterrizar aquí.

No dejo de preguntarme cuántas personas leen este blog, porque las pocas estadísticas que tengo a través de google están todavía y pese a mis intentos, falseadas por el spam y la publicidad que potencian el tráfico en Internet.

Y tampoco conozco los motivos, en el caso de que seas un o una visitante real, de que estés leyendo estas líneas.

Pero a pesar de que el principal motivo para que escriba en este blog es que me gusta escribir y plasmar mis ideas en algo concreto, el hecho de que las haga públicas revela el segundo motivo. Que no es otro que llegar a otras personas, compartir lo que sé y lo que pienso. Una sensación de que hay algo de prepotencia ronda por mi cabeza. Como que yo sé cosas que quizás las personas que leen no sepan y que quiero hacerles llegar.

Tal vez sea algo que pasa en ocasiones. Y aunque lo llegara a saber, creo que es algo que que no llenaría otra cosa que mi ego.

Por suerte, he encontrado otro motivo escondido. Es una especie de catarsis. Hablo sobre mi vida, sobre cómo lo intento, sobre los logros que demuestran que mi fe en el ser humano puede ser defendida.

Entre líneas, cualquier buen observador comprenderá mis errores, mis anhelos soñadores, mis miedos y la falta de contacto que tienen a veces mis pies con el suelo.

Lo saco. Y aunque no tengo la sensación de avanzar con ello y últimamente no tengo ni siquiera las ganas y la energía para hacerlo a menudo, aquí os dejo con esta pequeña introducción. Que da pie a otra entrada de una de las tres personas que finalmente aportan contenido a este blog.

De nuevo, un texto de Marcos Domínguez Allepuz.

Gracias Marcos. Nos vemos en los comentarios…

OCCIDENTE

Soy europeo. Eso para mí significa algo más que haber nacido en cierto continente, significa que me siento miembro de una civilización concreta, la Occidental, que tiene sus raíces en la filosofía griega, la idea de Estado romano, la moral cristiana, el humanismo renacentista y la Ilustración, entre otras.

occidente roma

Foro Romano Roma – Lazio – Italia, por Bert Kaufmann

Y si esas son sus raíces, ahora hablaré de sus frutos: la democracia parlamentaria, los derechos de la mujer y el trabajador, la libertad de expresión, el laicismo… por citar algunos. Claro que esos frutos son imperfectos y en casi todos hay colado algún gusano que los estropea, pero aún así, siguen siendo frutos hermosos y valiosos.

Todo esto lo comento porque estoy bastante hasta las bolas de esa moda de demonizar la civilización occidental, precisamente entre la gente que dice abanderar los valores sociales que habrían sido imposibles sin Occidente.

Por ejemplo ahí tienes a la feminista gritando que nuestra civilización es un heteropatriarcado represor cuando puede votar, trabajar y amar a quien desee mientras la mujer del mundo islámico lleva velo, la casan con doce años y es lapidada.

O el socialista que tuitea desde su iPhone contra la sociedad que permite que ese teléfono esté en sus manos.

O el latino mestizo apellidado Sánchez que despotrica en perfecto español contra el genocidio de hace cinco siglos, olvidando que es tan hijo de europeos como de indígenas. Podría poner mil ejemplos más.

El problema es la ignorancia y la visión simplona y maniquea que eso conlleva. Occidente conquistó muchas cosas buenas pero el proceso fue largo y duro, con guerras, revoluciones y crueldades de por medio. Pero crueldades las ha habido y las hay en todas las civilizaciones, desde China al Islam, la India o los maoríes, con la diferencia que la nuestra consiguió sacar algo en limpio de todo aquello. La sangre que derramamos, propia y ajena, no fue en vano.

Pero si ahora olvidamos, si ahora condenamos frívolamente lo que tenemos sin reflexionar lo duro que fue conseguirlo, entonces todo ese largo proceso histórico no habrá servido para nada y estaremos a punto de caramelo para que los bárbaros nos hagan picadillo.

occidente guerra

The Last Unicorn, por Baltasar Vischi

¿Quiénes son los bárbaros? Pues todas esas otras civilizaciones que afilan el cuchillo esperando nuestra caída, el fin de Occidente, para sobre sus ruinas levantar sus propios mundos, que seguramente no nos gustarán. Quizá la feminista tendrá que elegir entre el velo y la lapidación, quizá el socialista tendrá que escribir escondido en un sótano para no ser encarcelado o ejecutado, quizá…

Amo la libertad de la que disfrutamos y desearía que tuviésemos mucha más, por eso creo que el camino no es demonizar nuestra herencia cultural, sino entenderla y trabajar para mejorarla, para que siga dando nuevos y mejores frutos.

Pero soy realista y comprendo que la libertad hay que defenderla, con la fuerza de las armas si es necesario y si alguien está disconforme conmigo que se imagine en el siglo XVIII dialogando con Luis XVI para conseguir una democracia o en el siglo XIX pidiendo amablemente jornadas de menos de 12 horas.


Publicación hecha, Marcos. Sólo me ha llevado 3 meses desde que me la enviaste…

Y a tí, lector, lectora, si sois de carne y hueso y no un bot o algoritmo generador de ruido spámico, gracias por leer.

Hasta la próxima.

 

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3 Respuestas

  1. Marimar dice:

    ¡Hola a los dos! Me alegro de estar por aquí haciéndoos compañía deseando hacer un comentario.
    Miguel, la persona que escribe siempre lo hace por infinidad de motivos, pero claramente necesita expresar ideas, creencias razones o sencillamente exteriorizar su interior en un alarde de inquietud, sinceridad o necesidad de abrirse al mundo. indudablemente el que escribe tiene cosas que decir, sean de la importancia que sean, pero también tiene momentos que la fuente corta el suministro de torrente o el caudal por causas naturales, y eso no significa que el agua vaya a dejar de fluir. Date respiros y no te fustigues tanto, se tan tolerante contigo, por lo menos como lo eres con los demás. No creo que la prepotencia sea tu motivo.
    Marcos, estoy de acuerdo contigo, yo también me siento europea y occidental. No se puede tirar por la borda todo el sufrimiento de nuestros antepasados para llegar hasta donde estamos; bien es verdad que en el camino de logros siempre aparecen corruptos que se aprovechan de las situaciones haciendo que nos tengamos que avergonzar del ser humano, pero no deberíamos pues unos pocos entre millones no son nada comparado con lo conseguido.
    Hay que perseguir al que corrompe pero no renegando de los frutos buenos que hemos alcanzado, y seguir en esa linea sin cambiar absolutamente todo y empezar de cero exponiéndonos a la barbarie y la sin razón del que quiere que la libertad no exista. Si criticamos nuestra propia civilización, nos debilitamos y nos ponemos a la merced de quienes quieren acabar con los derechos humanos.
    Hay que cambiar cosas, o mejor dicho hay que limar las rebabas adheridas a lo bueno que lo emponzoñan y hacen que parezca todo en ello malo.
    Después de tantas revoluciones maravillosas no podemos ignorar los logros.
    Besos a los dos.

    • Marcos Domínguez dice:

      Hola Marimar, pues aquí estamos otra vez arreglando el mundo, como este artículo es mío tengo poco que comentar. Veo que estamos de acuerdo, aunque matizaría una frase que has escrito: “Si criticamos nuestra propia civilización, nos debilitamos”, me imagino que querías decir “Si criticamos DESTRUCTIVAMENTE”, porque la crítica constructiva siempre es buena y es precisamente la que ha hecho que Occidente llegase más lejos que otras civilizaciones (más centradas en la tradición, como China, o el dogma, como el Islam).
      Un abrazo!!

  2. Y un mes después de publicar, me pronuncio.
    Esos bárbaros con ganas de invadir, yo los veo más como el resultado de una imposición de occidente a otros países.
    Una obligación de tragar con una cultura, una política y una economía única y centralizada, dirigidas por una élite rica y reducida que habita en islotes distribuidos por todo el mundo (incluidos los países en los que se gesta el terrorismo internacional).

    Así que, reconociendo todas las cosas positivas para la humanidad que ha producido occidente, critico, constructivamente, el mal que hace. Y lo que es más, lo señalo como la causa de sus propios males (terrorismo, crisis económica y crisis ideológica y espiritual).

    De nuevo me pongo en contra a la defensa por la fuerza, como de costumbre, Marcos.
    Violencia engendra violencia. Opto más por el desarme mundial, la desmilitarización, la erradicación de fronteras y la desobediencia civil.

    Y añado que todos conocemos ejemplos de movimientos ciudadanos y civiles pacíficos que han llevado a cambios sociales enormes. No hace falta decir el nombre de ese señor hindú con bigotito que movilizó a un enorme país para liberarse del yugo británico. O de ese otro señor negro afroamericano, también con bigotito, que defendió la igualdad entre negros y blancos.
    ¿Igual el secreto para hacer las cosas pacíficamente está en dejarse bigotito? Ay, no, que ese otro señor con bigotito, alemán, rompió la regla.

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