Definición de juego: curiosidad y ficción

Por fin, una definición de juego, este concepto tan de moda, pero tal vez sobreexplotado y no convenientemente analizado.

Después de una semana intentando no hacer otra cosa que jugar, (ya te contaré más sobre el resultado de esta experiencia), he decidido volver a hablar sobre este tema. Y en concreto, a dar una definición de juego.

El juego me mueve algo, como a todo el mundo, aunque no lo sepa. Pero particularmente, a mí me inspira, me da mucha curiosidad y creo que está relacionado con la que pudiera ser mi actividad laboral/creativa en un futuro.

Y mientras le encuentro sentido, en mis búsquedas personales, a través de talleres con otras personas, formaciones, juegos online, juegos de mesa y en general, en una actitud lúdica frente a la vida, tomada conscientemente, te traigo una entrada originaria de un blog francés de noticias y opinión de diversos escritores, L’Obs avec Rue89. En esta entrada, su autor, Oscar Barda, nos ofrece su definición de juego, encontrada después de dieciséis años de búsqueda.

definición de juego

Definición de juego: la ficción del hacer

Para mí, esta definición de juego me ha resultado muy pertinente e interesante. Tanto, que he decidido lanzarme a traducirla y a compartirla en mi blog. En la sección de Babelizados, cómo no. Espero que la lectura sea de tu agrado.


En los comentarios de este blog (L’obs avec Rue89), una pregunta ronda de tanto en tanto (a veces amenizada por un cuestionamiento de mi legitimidad): ¿qué es un juego?

La curiosidad, herramienta evolutiva

Los rastros de cerebros (similares al que tenemos nosotros hoy en día) más antiguos se remontan a 65 millones de años aproximadamente.

Os hablo de esto porque el cerebro posee un conjunto de estructuras de base para la curiosidad: todos tenemos ganas de hacer cosas absurdas, chapotear en los charcos para comprobar el efecto que eso tiene, construir y destruir castillos de arena, jugar con el barro, poner caras delante de un espejo… y nada más que ¡porque sí!

Nuestra curiosidad es una herramienta evolutiva muy útil: teniendo las ganas de hacer esas cosas, esta atención y deseo de descubrir nuestro entorno, se vuelve mucho más fácil comprenderlo, adaptarse a él y sobrevivir.

Hacer como si…, es más prudente

Simplemente, si para comprender el concepto de gravedad, nos tirásemos por un acantilado, fijo que aprenderíamos una lección importante, pero no sacaríamos mucho provecho de ello…

No, mejor hacer pequeños como sí…, pequeñas simulaciones, tantear el terreno, apilar piedras para experimentar con la gravedad, hacer una carrera con los amigos, jugar a la caza antes de ir a tocarle las narices al mamut…

definición de juego: altura y vértigo

Caminar sobre el vacío sobre la Sears Tower de Chicago, ejemplo de curiosidad prudente – Charlotte/Flickr/CC

Y esta habilidad de desviar  nuestro  entorno directo para simularlo a una escala más prudente parece habernos acompañado desde hace tiempo. Es útil entender hasta qué punto estas ganas de jugar con las cosas puede revelar un arma temible en la evolución de una especie: entre la criatura que continuamente hace como si cazara a sus congéneres y la que duerme hasta la hora de la caza, ¿cuál de las dos será más apta físicamente?

Entre la criatura que va a tocar el fuego para comprobar que quema y que no hay que acercarse y aquella que intenta reproducir a pequeña escala para comprenderlo… ya veis a dónde quiero llegar.

De los juegos de niños al deporte

Así, el juego forma parte de nosotros desde hace mucho tiempo. Sólo que está particularmente presente en los niños, que deben aprender una enorme cantidad de nociones (como la gravedad, los sabores, los colores, las reglas sociales), que nunca nadie les podrá explicar… ¿Y cómo lo hacen? Evidentemente, aprenden a través de la exploración, la experiencia directa y el juego (lo que se explica en el ejemplo de esta otra entrada – en francés!).

Ahora bien, los niños, como habrás notado, no tienen la perola de la talla de Kant o Einstein… Llegaría a decir que incluso el troll medio daesh (otro artículo en francés) les suplantaría fácilmente en retórica. Todo esto para decir que, en apariencia, los niños son idiotas, mirando desde estándares adultos (sabemos a día de hoy que esta noción es idiota en sí misma, pero fácil de creer en ella). Como resultado, es probable que a través de los siglos, hayamos acabado relacionando la falta de saber de los niños con sus juegos.

Por ejemplo, no le confiaríamos la lucha contra el paro al niño de aquí abajo, que parece poco equipado para una tarea tan pesada.

definición de juego epxerimentación

imagen de Giphy.com

Porque desde la antigüedad, sostenemos el cliché de que el juego es propio de los niños, con sólo algunas excepciones: juegos sagrados y/o adivinatorios, juegos de apuestas y otros juegos compartidos sólo entre adultos… Y luego, nos dimos cuenta de que para llegar a ser un buen corredor o guerrero, más valía jugar a pillar o a pelear con los amigos, que leer libros sobre la técnica de una carrera o de combate. Y es por eso que hemos elevado algunos juegos que suponen un desafío y una competición, y los hemos llamado deportes.

Definir Windows XP por accidente

Cuando comencé a trabajar sobre la definición de juego y a leer la teoría del juego hacia el año 2000, empecé por el diccionario. Pero los diccionarios no hacen más que dar una visión de lo que entendemos comúnmente por “juego”. No pueden arrojar luz sobre la verdadera naturaleza de lo que es, así que se limitan a listar todos los casos en los que podemos utilizar el verbo “jugar”… tocar música (nota de traducción: en francés se usa el verbo jugar para esta acción, como en inglés, alemán…), jugar un papel o una pieza de teatro (lo mismo para la interpretación)…

Y tantas otras cosas que en aquel momento no me parecían tener que ver realmente con mi enfoque sobre los videojuegos. Así que busqué definiciones de la parte de los textos fundadores.

La primera cosa que me chocó fue la relativa novedad de este campo de estudio: si tenemos a Vitruvio 100 años A.C. para escribir de arquitectura, antes del año 1900, el estudio del juego es casi inexistente. Sin embargo, las definiciones que emergen en esta época no me llegaron a satisfacer. Las encontraba retorcidas, carentes de sentido y cargadas: Johan Huizinga (holandés, 1872-1945) y Roger Caillois (francés, 1913-1978), los dos primeros autores modernos que se interesaron en esta cuestión, hicieron ambos un tipo de lista de pre-requisitos un poco larguita (el juego deber ser libre, imprevisible, debe ser improductivo, inútil, ficticio…). Pero esta enumeración (no he hecho más que citar un pequeño trozo) me parecía un poco pesada. Por tanto, he estado buscando durante mucho tiempo otra definición).

Al principio, intenté dar con una definición de juego partiendo directamente de los videojuegos, lo que dio cosas como: “Dispositivo interactivo, em… que sirve para divertir y… cuando pulsamos los botones, ¿se mueve?”.

Pero como insiste Mathieu Triclot en su divertida introducción de su libro Filosofía de los videojuegos (no he podido encontrarlo en español: edición francesa del libro), que consiste en un diálogo entre Mario y Sócrates, este ejercicio de definición es vano. Y lo es porque es casi imposible de meter en un mismo saco todas las experiencias diversas y no comparables, desde los simuladores de vuelo a los solitarios, pasando por League of Legends, Candy Crush, y las aventuras basadas únicamente en texto en el que somos los héroes en nuestro navegador…  sin que dicho saco engulla por accidente Windows XP, Photoshop y otros programas que no parecen precisamente un videojuego.

definición de juego - filosofía

Sócrates en la serie 8-bit Philosophy

Y luego, jugar al Scrabble frente al ordenador, lo que sigue siendo naturalmente un juego… pero ¿cuál es la diferencia entre la versión real y la informática?

Y al final, ¡la encontré!

El juego es la ficción del hacer.

Realmente, no sabría deciros cómo me vino. Así que si os hacía falta una prueba de que no soy un genio, aquí la tenéis: he reflexionado durante dieciséis años para encontrar una frase de siete palabras.

Fue al final del verano, después de dos meses sin conseguir escribir un artículo que me gustara (por tanto, dos meses de tirar artículos de tres páginas a la papelera), que me vino naturalmente, volviendo a pensar sobre esta cuestión de definición de juego.

Desde entonces, esta frase cobra todo su sentido. Es una definición que permite abarcar el dominio del teatro que se interpreta (juega, en francés), la música que se toca (igualmente, juega, en francés) y todas esas prácticas que utilizan la palabra jugar sin que sepamos más que instintivamente lo que tienen que hacer unos y otros de entre los participantes.

El juego es la ficción del hacer: es hacer como si…, es hacer de mentira, es poner unas cuantas notas musicales juntas porque funcionan bien así, es crear una historia con alguien o con algo, meterse en la piel de un personaje, como lo hacen los niños que exploran los límites del mundo social que les rodea. ¡Y también los actores de teatro! El juego, ¡es la ficción del hacer! Pero… ¿y el videojuego?

Menos evidente de lo que parecía

Para empezar, parece que la parte vídeo es evidente: lo que sale por la pantalla… ¡un vídeo, vaya! Pero, ¿sabíais que existen videojuegos que se juegan sin usar la vista? Como Papa Sangre, por ejemplo, que se juega únicamente a partir del sonido, con los auriculares del smartphone. ¿Es menos vídeo-juego por el hecho de no integrar el vídeo? O, ¿es que un videojuego no podrá considerarse como tal si es jugado por una persona ciega o con problemas de visión y para ellos no será nada más que un… juego?

videojuego a ciegas

Captura de Papá Sangre

 
No, definir a partir de “vídeo” no es para nada convincente, sobre todo cuando empezamos a ver emerger juegos como Johan Sebastian Joust, como una versión moderna de la carrera de huevos, a la que jugaba cuando era niño (hacer una carrera sin que se nos caiga un huevo que sostenemos sobre una cuchara, generalmente con la boca). J.S. Joust utiliza sin embargo un ordenador y los mandos de videojuego Playstation Move, pero sin pantalla… ¿Es un videojuego o no?

A decir verdad, el punto en común de todas estas formas es la utilización del ordenador, que hace toda una parte del trabajo en nuestro lugar. A veces, hace cosas que podríamos hacer manualmente (como mezclar las cartas o tirar el dado en las versiones informáticas del Monopoly), y otras, genera cosas impensables de hacer manualmente (las batallas de naves espaciales a escala gigantesca en paisajes fantásticos).

Y en todos estos casos, ¿qué hace el ordenador por nosotros? Hace cálculos, convierte nuestras acciones en números y las transforma en movimiento en la pantalla o en sonido, o en la vibración del mando. Computa (del latín computare: calcular).

Un videojuego es, entonces, una ficción del hacer (un juego) que necesita una computación, un cálculo autónomo.

Para mí era importante escribirlo

Para ser honesto con vosotros, queridos lectores, creo que no será un artículo que romperá el contador de visitas, pero esto que construyo aquí en este blog (Obs avec rue89), es un conjunto de artículos que se hablan y se responden, intentando dar una visión global del concepto de juego. En este caso, me centro en la propia definición de juego.

Creo que es en el manga Vagabond que un personaje dice: “Los grandes pintores observan la flor durante años y finalmente, sin comprender cómo, atrapan la elegancia en un instante”. Yo no soy un gran pintor pero creo que más allá de la brevedad, es la elegancia lo que buscaba en esta definición de juego: la eficacia por palabra. La elegancia es un objetivo con el que muchos desarrolladores de juegos sueñan en secreto. Y si esto le interesa a cualquiera de vosotros, ¡podremos hacer un artículo sobre ello!

El resultado, para mí, era importante escribirlo. Quería haceros partícipes de este pequeño descubrimiento, de estas siete palabras que he encontrado recientemente y que me sirven todos los días.

Espero que os gusten y que cuando os digan que el juego no es un arte, siendo que todo arte es, por definición, una ficción, respondáis con confianza:

Sí, el juego puede ser un arte. Como la pintura es el arte de dar a ver, la música el arte de dar a escuchar, el juego es el arte de dar a hacer.

definición de juego

El juego es la ficción del hacer. Dieciséis años para esto


De nuevo Miguel contigo, lector, lectora. Esperando que hayáis disfrutado de toda esta reflexión tanto como yo.
Tan sólo me permito añadir que a pesar de que es una definición de juego que me encaja muy bien, tengo la sensación de que no es completa para mí. Aunque no logro encontrar el añadido que le falta.
La duda es: ¿el juego es siempre una ficción, una simulación? ¿Se te ocurre algún ejemplo en el que no lo sea?
 
Por último, mi agradecimiento a Oscar Barda, por su largo trabajo, su generosidad para compartirlo y su facilidad para expresarlo.
Un abrazo y hasta pronto.

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6 Respuestas

  1. Marcos Domínguez dice:

    Me ha gustado mucho este artículo, además creo que has logrado una definición muy concisa y pulida de lo que es jugar, si alguna vez me preguntan, la usaré.

    Off-topic: Me acabo de terminar un libro muy divertido, “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam, cuando lo compré temí que fuera una filosofada infumable pero resulta que es una reflexión sobre la estupidez, la felicidad y la religión con muy buen humor, creo que te gustaría, te lo recomiendo. Ahí lo dejo, un abrazo!!

  2. Laura dice:

    Hola Miguel! Qué buen tema! Me lo había reservado para leer tranquilamente… hasta hoy! Creo que el juego es muy importante, al que a veces no le damos la importancia que tiene (eso es cosa de niños… o nunca tenemos tiempo para jugar, o bueno, para tener tiempo de ocio, como dicen los adultos, que queda más formal). En el trabajo con los niños aprendo de ellos y de sus juegos. ¡Y disfruto jugando! Es la ficción del hacer… pero también es un hacer en sí mismo a veces (para mí). Interesantísimo artículo, gracias por compartir las palabras de Oscar Barda y las tuyas. Un abrazo grande!

    • Hola Laura!
      Gracias por tu aporte.
      Sí, a veces, los adultos podemos descubrir la magia del juego cuando lo compartimos con los que todavía no lo han olvidado.
      Ahora bien, si miramos a nuestro alrededor con un poco de atención, comprobaremos que hay algunos adultos “ociosos”, que siguen jugando o, más probablemente, han redescubierto el placer de hacerlo.
      Porque jugar sólo está bien, pero nada que ver con hacerlo en compañía.

      Hacer en sí mismo… sí, es un hacer por hacer, jugar por jugar. Mi pregunta es: ¿es siempre el juego la ficción de hacer algo? ¿Constituye siempre una fantasía ligada a un hacer real, aunque no haya objetivo concreto para dicho juego?

      Otro abrazo para ti!

  3. Jorge Springinsfeld dice:

    Hola. Acabo de encontrar este artículo y el tema me interesa pues durante 20 años trabajé en la invención de juegos que pudiesen acercar a niños en edad preescolar, al mundo de la música. Envío una reflexión que puede servir quizás, al desarrollo del tema.

    Diría que la frase que presentas es poética, pero no define ni entrega un concepto de juego en verdad, que pueda servir para usar con facilidad el concepto..
    Diría en primer lugar que el arte no es nunca ficción, sino una de las tantas formas de crear realidad que los humanos hemos desarrollado. No debemos tomar el carácter esencialmente simbólico de todo arte, es decir su capacidad de hacer referencia a algo que no está allí en el momento en que ocurre el hecho artístico, como señal de su naturaleza ficticia. Una obra de teatro ocurre en la realidad e instaura, aunque de manera efímera, una nueva realidad ante los ojos de quienes la presencian, y es una realidad que se vive profundamente, para quienes la representan. En esto, arte y juego se encuentran. Ambos son formas creadoras de realidades de duración acotada, realidades que nacen y mueren, por decirlo así, pero que no por ello, son menos reales.

    En segundo lugar, el juego puede ser una forma de estructurar un hecho artístico, (la música aleatoria, por ejemplo, puede ser considerada como una formas de juego), pero esto no hace del juego, un arte, al menos no en el sentido en que un cuadro es una obra de arte.

    Arte y juego tienen en común esto, para mí: ambos trabajan en la región del “hacer como si…”, y al hacerlo, al ocurrir, crean realidades nuevas e inexistentes.

    Para un niño, jugar a que está penetrando en un bosque oscuro y que lo acecha un lobo, es tan real que siente miedo y puede llegar a romper en llanto ante la intensidad de ese sentimiento.

    El juego es una forma de inventar realidades paralelas a aquella realidad en la cual ocurre nuestra vida cotidiana. Al inventar ese tipo de realidades, nos encontramos con dimensiones de nuestra vida que difícilmente podrían ser expresadas de otro modo. Aquí, arte y juego se encuentran sin lugar a dudas, pero no son lo mismo.

    Saludos. Jorge S.

    • Hola Jorge. Gracias por tu aportación!
      Comienzo a responderte con respecto al arte. Entramos en un choque conceptual. Tú dices que nunca es una ficción. Pero para mí siempre lo es, en cuanto que guarda una referencia al mundo simbólico y a la idea del artista. Otra cosa es que viene materializada, la mayoría de las veces, en una obra perceptible por los sentidos. Y por tanto, real. Tal vez podría hilar más fino y decir que el arte es la transmisión de una ficción a través de una realidad subjetiva en la que juegan la intención del autor y la percepción del público. Así que aquí me encuentro contigo: el resultado del arte, la obra, es real.
      Así que ahora me rechina a mí también la frase de que todo arte ES una ficción. Diría más bien que en todo arte, está involucrada la ficción.

      Esto me lleva a afirmar que no todo juego lleva a una obra de arte. Pero lo que sí que tiene todo juego es el componente de ficción, en el hacer.
      Ante el ejemplo que me das, el niño que en su juego siente miedo, ese miedo no hace más real la situación. Sigue siendo una situación ficticia. Es la interpretación de la ficción y la emoción las que son reales.
      Y esto lo he podido comprobar también con adultos que han entrado de verdad en el juego. Las emociones pueden pegar fuerte y hacernos reaccionar de una forma distinta a como solemos reaccionar. Se abre una puerta entre ficción y realidad. Una puerta que desde el otro lado del espejo, materializa la corriente que se escapa en una realidad que se transmutará en una expresión o acción del que está jugando.
      Por lo tanto, permíteme llamar ficciones a esas realidades paralelas. Que gracias a nuestra percepción y al estado mágico que abre el juego, dan lugar a muy reales reacciones y estados emocionales. Todas ellas partes a veces desconocidas de nosotros mismos.
      Gracias igualmente por la respuesta que has lanzado. Me ayuda a separar la parte de ficción y de realidad que están involucradas en el juego y a ver que la comparación entre arte y juego no es unívoca. Hay juegos que no son arte o que no dan lugar a algo artístico propiamente dicho.
      Un saludo!

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