Marketing de contenidos y social media: mark as spam

Estoy en contra del marketing de contenidos, de la publicidad y de los social media. Yo mismo he caído en la trampa, pero voy a tratar de solucionarlo gradualmente.

¿De qué se trata todo finalmente en esta sociedad capitalista? De monetizar. Al principio fueron los productos y manufacturas y los servicios. Luego, las transacciones monetarias, las divisas, los valores; el dinero mismo.
Desde hace unos años se monetiza la información y la más valiosa es la personal. Cuáles son nuestros intereses, nuestras tendencias de consumo, nuestras búsquedas. Quién posee esa información, puede ganar más dinero, controla el mercado y puede manipularnos más fácilmente, porque conoce mejor que nosotros mismos nuestras preferencias consumistas.

Así que a partir de esa información, que consigue rastreando nuestras visitas a la web, nuestras interacciones con las redes sociales (amistades, grupos y páginas de corporaciones, cultura o de famosos que seguimos) o que paga a otros por conseguirla, todo aquél que tenga algo que vender tiene muchas pistas sobre a qué segmento dirigirse y cómo hacerlo. Pueden saber si somos compradores online, si visitamos sitios de segunda mano, páginas de grandes marcas, megadistribuidores o pequeñas tiendas online.

Yo también participo

Y yo estaba contribuyendo, en parte sin saberlo. Uno de los widgets (herramientas que cumplen una función adicional) de mi blog, emite anuncios de terceros tras cada entrada. Es algo a lo que me había negado a recurrir una vez que el blog ya tenía sus primeros meses. Me planteé monetizarlo durante un tiempo, pero no entraba dentro de mis valores publicitar la actividad de otras personas a cambio de dinero. No quería colaborar con la filosofía consumista.
Al parecer, este widget no incluía publicidad en un principio. Debió de incorporarla con alguna actualización. Entiendo que quieran ganar algo a cambio de su trabajo y hasta el momento, como no he tenido más presupuesto para el blog que lo que gasto en el hosting y el dominio, no he pagado nada por los widgets que uso.
Así que lo he desactivado. De ahí que ya no puedas ver ni los botoncitos laterales ni antes y después de cada artículo para compartirlo en las redes sociales. Tampoco me preocupa mucho.

Y es que esta es la otra cosa en la que he caído de lleno. Desde el principio, traté de trabajar las redes sociales, eligiendo las tres más conocidas para darle visibilidad al blog y aumentar la cantidad inicial de gente que lo pudiera conocer y seguir.

Pero cada día estoy más en desacuerdo con el uso que se hace de estos social media. De cómo nos hacen perder tiempo, atrapados en un torrente inagotable de información, la mayoría de las veces vacía e innecesaria para nuestra vida. Y lo que es peor, virtual y adictiva. Algo que nos saca de nuestra realidad tangible y nos sumerge en un estado voraz, apagando la capacidad crítica y la proactividad. En la mayor parte de nuestras interacciones, no llevamos ni la iniciativa, sólo reaccionamos: me gusta, comparto, re-tuiteo… Y cuando somos los que posteamos, es probable que lo hagamos buscando un poco de la aprobación que tal vez nos falta a diario, colgando selfies con morritos o paisajes deslumbrantes, comidas suculentas y todo aquello que muestre que estamos más contentos con nuestra vida que lo que de verdad sentimos.

no me sigas

En cuanto a mi actual interacción, twitter lo tengo automatizado, no entro ni para retuitear; facebook, o bien paso, o bien me engancha, tan sólo está cobrando cierta utilidad en el viaje para comunicarme con nuevos conocidos viajeros; y google+… ¿qué era eso?
Así que desvinculo el blog de estas redes. Quién llegue a él será por búsquedas o recomendaciones personales. No espero nada más de él que mi capacidad libre de expresión.
Y si quieres compartir una parte que te gusta, ya no hay botoncico cómodo, tendrás que copiar y pegar la dirección, como se hacía antes. En la era de la inmediatez y la comodidad, pongo un filtro para que únicamente compartas si realmente te ha merecido la pena leer.

Por qué estoy en contra de vender/se

En esta sociedad, como decía al principio, todo está monetizado. Se ha perdido en general, o se está perdiendo en algunos países donde sobrevivía, la cultura del trueque y la socialización. Todos queremos poseer un montón de objetos inútiles y además, de forma individualizada. Acaso usamos la lavadora las 24 horas del día? No podríamos compartir una entre varios vecinos? En algunos lugares noroccidentales,esto aún se hace.

Existe una dinámica de sobreproducción que fue introducida con la industrialización. Eso crea, aunque pueda parecer contradictorio, diferencias sociales grandes, pobreza y sobrecarga de trabajo. Sí, las máquinas no logran ni sustituir la fuerza del trabajador ni librarle de su esclavitud, sino que además empeoran su salario.
Los precios de los productos crecen, a pesar de ser producidos por menos dinero. La obsolescencia programada permite que el ciclo de consumo se mantenga. Si a alguien le durara 100 años una bombilla (lo que es técnicamente posible), el mercado de lamparitas dejaría de tener ingresos costantes.

Así que hay muchas cosas que vender. Y servicios. E información. Para ello se han desarrollado a lo largo del siglo XX complejas y efectivas técnicas de marketing. Es decir, la publicidad y todo lo que mantiene a todo integrante de la sociedas con el estatus de consumidor nato.

Dejando de lado los objetos materiales, cuando se venden los servicios o la información, el objetivo es hacer pensar a la “víctima” (sólo deja de serlo cuando se hace consciente y decide ser, al menos, consumidor resposable) que los necesita como el aire que respira.
Ahí entra todo ese análisis de gustos y costumbres, de espionaje ciudadano a través de nuestra interacción con el entorno mediante internet. Apuntando hacia segmentos precisos de población y apelando a las emociones, comienza la manipulación.
Por ejemplo, una emoción muy utilizada es el miedo. Se puede decir que es la estrella. De ella se sirven, entre otras, la industria armamentística, la de seguridad (cárceles, empresas de seguridad), la farmacéutica o la de los grandes medios de comunicación, por citar lo más obvio. Pero también está el miedo a no tener, a la carencia o a la pérdida de lo que se tiene. Ahí se abre la base de casi cualquier mercado.

Luego están las marcas personales. Todos esos blogueros, youtubers, magos del marketing de contenidos y los social media que vierten contenidos, en muchos casos trabajados, pero vacíos de valor humanista (auto-cuestionables o críticos), alienantes y promotores del consumismo y la competitividad como valores principales. Star-bloguers que te enseñan como crear el sitio más eficiente en términos SEO y como multiplicar las suscripciones. Evidentemente, si todo el mundo sigue sus consejos, cada blog no podrá ser único y ni lograr el mayor éxito. Por eso, mientras se les ocurran nuevas técnicas, no dejarán de tener algo que vender. Parece un buen negocio…

una entrada sin imágenes

Reglas SEO: 1, Miguel: 0

Y todavía me sorprende esa nueva tendencia que son los vídeos de packaging: alguien que abre por primera vez un nuevo producto tecnológico o de coleccionismo delante de la cámara. Sí, ya está, sólo es esa la trama. O los que se llevan el récord de audiencia (suscriptores a su canal), que se hacen de oro grabándose jugando a videojuegos. Hay mucha gente que prefiere verlos durante horas que jugar ellos mismos. Vale, reconozco que en este caso tal vez exista cierta envidia y admiro el gusto y/o el sentido del humor con que lo hacen algunos.

Pero a lo que iba. ¿Por qué estoy en contra de venderse, o de vender algo?
Porque quien vende trata de convencer a otros de que lo que ofrece es lo que necesitan. Si no para ser felices, sí para al menos vivir mejor su vida. Y esto supone el mayor engaño de todos los tiempos. Nunca conseguiremos la felicidad así. Ni siquiera una paz, ni un verdadero y duradero bienestar. Eso no nos lo puede ofrecer nadie. Sólo puede venir de dentro, de nuestroz actos, de nuestra mente, de nuestra sana relación con otros y de nuestro trabajo espiritual o personal interior. Alguien que no posea nada puede conseguir ese estado, como ha sido demostrado por conocidas personalidades en todas las culturas a lo largo de los siglos. Con lo cual no me opongo necesariamente a las posesiones materiales, aunque abogue por una sencillez y por el decrecimiento.

Pero mi oposición a vender sí que se hace férrea y tal vez ahora mismo algo obstinada y reaccionaria. Me doy cuenta, pero en mi proceso interno necesito romper con ello. Siento que esta ruptura está más alineada con mis valores.
Sin embargo, todo ello no es incompatible con el concepto de donación o de pago por un servicio o información. Es por eso que eliminando del blog los iconos de las redes sociales, he agregado mi cuenta de paypal.
No quiero dinero de personas que me utilicen a mí o mi blog como medio para vender sus productos. Sí que puedo aceptarlo, en cambio, de quién quiera ofrecérmelo porque sí, porque tiene de sobra y/o porque ha disfrutado leyendo lo que escribo o porque ha obtenido ideas y reflexiones que han podido resultarle útiles, inspiración o un dolor de cabeza tras leer todas estas parrafadas, interminables en mis días buenos…

Responsable: el anunciante

Con lo que pretendo cerrar este pequeño ensayo es reiterando que no le veo la legitimidad a la publicidad. La gente es libre de hacer lo que quiera, claro. Unos de vender y otros de tragárselo y pagar. Pero pocas veces será una transacción de verdadera necesidad, de todas las que se hacen. Y muchas de ellas no cumplirán con la promesa hecha por la publicidad.

Lo único que me gusta del marketing y los anuncios es el ingenio y la creatividad, que podrían ser mejor utilizados para mejorar tantas cosas de esta sociedad. Por lo demás, las quemaría.
Se invierte muchísimo en este área. A veces mucho más que el la producción misma. Un claro ejemplo es la bebida redbull. Ha llegado muy lejos gracias a esa inversión, y no a su calidad, ni al valor nutritivo o a la necesidad que cubre.

El primer responsable, sin embargo, no es el creador de esta publicidad, si no el que responde a ella y la alimenta. Cuando la sociedad sea capaz de no hacerlo, de tener la suficiente conciencia para discernir a dónde nos lleva este derroche de recursos, esta voracidad por poseer, esta competición y este mercadeo infinito, demostraremos que hemos evolucionado efectivamente. Quizás lo hagamos a tiempo para sobrevivir a nuestra estupidez y aborregamiento. O quizás nos extingamos como simples homo-consumus.

Yo he hecho lo que he podido con estas líneas. El resto lo pongo en práctica en mi día a día, concediéndome algunas incongruencias que se me resisten. ¿Alguien tendría la amabilidad de venderme un buen remedio contra incongruencias? Acepto trueques.

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7 Respuestas

  1. Alex dice:

    Compartido. Otra joyita de tu pluma.

    • Me alegro de que te haya gustado. Todo un reto de lectura con respecto a las entraditas ligeras y cortas que he hecho otras veces o que pululan en otros blogs con mucha suscripción. Totalmente premeditado 🙂

      • Alex dice:

        Me parece una posición muy acertada que además va contra el impulso a la monetización rampante: contenido por encima de comodidad.

  2. Itziar dice:

    Estoy de acuerdo contigo, Miguel.
    Casualmente hace poco vi un documental muy bueno y que recomiendo ver (seguramente ya lo conozcas), llamado “En Búsqueda del Sentido”, que hace reflexionar sobre la sociedad occidental y su enorme materialismo, la obtención del beneficio a corto plazo, el consumismo, competitividad, violencia, superficialidad y vacío en que estamos metidos… Hace que nos preguntemos qué estamos haciendo mal y que, al igual que tú, nos planteemos nuevas maneras de estar en este mundo.
    Por supuesto todo este marketing, publicidad y mercantilismo del que hablas, ya no sólo materialmente hablando sino, lo que es peor aún, en lo que se refiere a las propias personas, es una consecuencia más. Pero creo que con el tiempo irá cayendo todo esto porque es insostenible y más que obvio que, como bien dices tú, el estado de felicidad y de paz está únicamente en nuestro interior. Mi duda es cuál será realmente el nuevo rumbo… quiero pensar que cada vez somos más los que vamos aumentando conciencia y queriendo un mundo mejor.

    • Sí, conozco el documental. Lo pude ver mientras vivía en Francia, unos buenos amigos me lo dieron a conocer.
      Al igual que los intercambios que podemos tener con otras personas con las que nos cruzamos en la vida diaria, el documental es una prueba más de ese aumento de conciencia. A veces parece imperceptíble, viendo cómo se desarrollan los acontecimientos a nivel mundial. Pero es una realidad. La estamos viviendo durante el viaje, pero también nos dábamos cuenta antes de partir. El mundo está lleno de personas encantadoras y lo suficientemente despiertas para que todo cambie. Es una chispa que sigue un reguero de pólvora que lleva hacia… unos fuegos artificiales?
      Un abrazo

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