Soldado entre batallas

Nos enviaron contra el enemigo más difícil. Aquel que salvo cuatro locos, nadie del equipo quiere enfrentar. El de siempre.

Un enemigo numeroso, débil y a la vez temible. Un enemigo harto de nuestras batallas, que nos odia. Nos odia y nos teme.

Y nosotros también le tememos. Entre sus filas desorganizadas pude ver la cara de mi vecino, de la panadera, de mi cuñado, de mi mujer, de mi hija. Debemos evitar escuchar sus gritos, mirar a sus ojos. Porque eso haría imposible nuestra tarea. Maldita tarea la de la guerra.

La guerra por un orden común, por el equilibrio de lo que tanto trabajo ha costado construir. El resultado de la historia. El árbol que ha crecido alimentado por la sangre de nuestros antepasados. En guerras mayores. Lo de ayer era apenas una batalla. Pero una batalla que igualmente aterra. Que acrecenta odios y en la que el pueblo es el que se lleva la peor parte.

No sé quién fomenta o propone esta batalla. Pero evidentemente hay una manipulación detrás. Una discordia orquestada en algún lugar difuso y oculto, cuyos efectos emergen a través de la membrana que separa la superficie, lo que sí se ve. Lo que cuentan  los medios de comunicación, contaminando mentes y ánimos.

Nuestro equipo tuvo que dividirse por las características de la batalla. Hubo tensión desde el principio. Algunos de mis compañeros necesitan estímulos químicos para lograr estar al cien por cien. Tal vez para evitar pensar. O para evitar sentir, diría yo. Yo nunca lo he hecho, aunque he pensado en ello muchas veces.

Entré en este trabajo por unos ideales políticos. Quiero ayudar a que no se rompa la paz que tenemos. Frágil, pero digna. Seguro que no es la mejor construcción política. Todo se puede mejorar. Pero también puede empeorar, sin nuestro trabajo y el de tanta gente que se esfuerza por construir un país más grande. Me digo esto una y otra vez. Quiero proteger lo que amo y a los que amo. Aunque tenga que ser por medio de la fuerza. Me duele tanto. Y no veo otra forma.

Mi trabajo es duro. Ya me gustaría ver a mucha gente que me critica afrontar lo que yo afronto. Que supieran lo que siento. Que me comprendieran. Que sepan lo que detesto esos momentos en los que la tensión saca lo peor de mí. Que comprendan lo que se vive al ser odiado por una masa que no reconoce a la persona que hay tras el casco. Que comprendan lo que me odio a mi mismo en algunos momentos.

Odio con tal fuerza que a veces me quiebro por dentro. Suele ser cuando más peligroso soy para mis adversarios. No son mis enemigos. Son mis compatriotas. Y he tenido que enfrentarme de nuevo a ellos. Lo haré de nuevo si es necesario. No sé hasta cuando. También pienso en abandonar este trabajo y eso lo vivo como una traición. Es una traición. A mi país y a la gente contra la que me enfrento. A mi familia, a mis amigos, a mis vecinos. A lo que mi padre esperaría de mí. Aunque esté felizmente enterrado, ese desgraciado, se lo debo.

Maldito el día en que somos llamados para actuar, para contener a una turba de manifestantes, la mayoría pacíficos, pero imprevisibles. Azuzados por el mismo temor que yo siento, salen a la calle para no perder lo que se les está arrebatando. Es natural. Y mi misión es que al ejercer su derecho, no rompan otros.

Ayer golpeé, empujé, cargué. Sin mirar a la cara. De lo contrario, no habría podido. Los insultos no me tocaron. Tan sólo alguna piedra perdida. Las órdenes fueron cumplidas. No me arrepiento. Y me odio. Pero no encuentro otra solución y alguien tiene que mantener el orden. Temo que algún día desaparezca. Que todo se venga abajo. Que la inseguridad y el caos se adueñen del país y la gente, mi familia, mis amigos, mis vecinos, queden desprotegidos y vulnerables. Temo perderlos. Quedarme solo.

Volver a ver a mis seres queridos me sirve de bálsamo para la siguiente batalla. Algunos me comprenden.

Y viendo cómo están las cosas, me temo que la tregua no va a durar. Es probable que pronto tengamos que volver a Cataluña. O a cualquier otra gran ciudad. Desearía no tener que volver al trabajo. Pero eso no depende de mí.

Desearía que los de arriba dialogaran de una puta vez y dejaran de lanzar a su pueblo, los unos contra los otros. Y a nosotros, los perros guardianes, a evitar que las cosas se salgan de madre. El día en que llegase el diálogo y se tuviera en cuenta de verdad al pueblo podría ser el día en que la unidad de la UIP de la Nacional, a la que pertenezco con orgullo, dejara de ser necesaria.


#Hablamos

7 Respuestas

  1. Marcos dice:

    Bravo Miguel, me ha gustado esta novedad en forma de relato (que no ficción). Sigo de cerca lo que está pasando en Cataluña y veo la conclusión triste y lógica de años y años de desatinos y decisiones cortoplacistas en la política de España. Hace veinte años el Partido Popular pactó con el Diablo, vendiendo la Educación catalana a los independentistas a cambio de apoyos para gobernar. Hoy vemos el resultado: los niños que fueron programados por el sistema educativo catalán son los jóvenes que hoy gritan pidiendo independencia, inmersos en una fantasía revolucionaria contra una tiranía extranjera… pero lo triste es que son ellos los que se han convertido en extranjeros en su propio país, separados del resto por el odio y los embustes que les han inculcado. Esto debería hacernos reflexionar sobre hasta qué punto la Educación en manos de gente infame puede convertirse en un arma de destrucción masiva y que por eso mismo debemos recuperarla, sanearla y convertirla en algo que abra las mentes y los mundos, no que los encierre en cajas cada vez más pequeñas y oscuras llenas de resentimiento, malicia, fanatismo y miedo.

    Un abrazo grande.

    • Estoy de acuerdo en que la educación ha influido en la defensa del discurso independentista. Pero más allá de la educación hay todo un aparato desplegado en los medios que provoca y alimenta la oposición a formar parte de España. Además de otros motivos fiscales/económicos, políticos, culturales e históricos.
      Como también en el resto de la península se nos ha educado para etiquetar a los catalanes y para sólo ver parte de su identidad, la reaccionaria e independentista, que a su vez no es compartida por todos.

      Distorsión de realidades de cada lado. Generalizaciones, encuadres muy limitados que sirven a los intereses de minorías poderosas y que separan a la población, en un descarado “divide y vencerás”. Y mientras estamos distraídos con Cataluña, nos cuelan leyes regresivas y ajustes a los cada vez mas escasos derechos logrados en el ultimo siglo. Y aprovechan para desviar la atención del verdadero problema, que es la obsolescencia constitucional, legislativa y sistémica de este país.

      Mi intención con este articulo es empatizar, persona a persona, entre todos los peones que intervenimos en esta batalla absurda y que somos sacrificados para el juego de poderes que nos evitan ver.

      Cuánto vamos a tardar en mirarlo y en reclamar un verdadero cambio? Una nueva Constitución, un nuevo gobierno, un fin de la monarquía, una política participativa?
      Tenemos muchas pistas para hacerlo y me parece que la gente empieza a estar lo suficientemente harta. O no es así?

      A dónde llegará el nivel de pereza, de falta de compromiso político, de toma de responsabilidad?
      Hasta cuándo este país seguirá mirando para otro lado, por ejemplo, para el que dicta la prensa, parcial, dirigida por los mismos poderes que hacen subir al político de turno para poco después dejar que caiga en el ostracismo, en el momento orquestado?

  2. Marimar dice:

    Hubo un sueño en este país, uno de libertad tras una dictadura, uno en el que arrimábamos el hombro para intentar conseguir ser todos iguales en derechos y deberes, uno que costaba por la falta de experiencia. Y anduvimos juntos y pensábamos y opinábamos; no había gente mala ni buena, sólo gente que quería vivir en paz con sus vecinos de diferentes opiniones e ideas. Quisiera saber como nos lo dejamos arrebatar por políticos corruptos y manipuladores que nos obnubilaron y convencieron con sus mentiras , nos engañaron con su palabrería y nos arrastraron hacia una sin razón en la que nos hacen colgar letreros y engendrar odios nuevos basados en antiguos, haciéndonos creer que no se pueden cambiar leyes obsoletas y que nuestros vecinos son el diablo.
    Las cosas hay que hacerlas bien, paso a paso, pero hay que hacerlas; tenemos que intentar no dejarnos arrastrar por la riada de descalificaciones y construir sobre lo bueno que tenemos, nunca destruirlo del todo.
    Quizá este sea el momento oportuno de replantear la vida en convivencia, pero con la firme propuesta de no dejarnos dividir, como nos lo están imponiendo políticos que tiran la piedra y nos empujan a luchar entre nosotros que no queremos.
    Somos gente, la mayoría honesta y buena que queremos paz y libertad,sólo eso,. pero ellos los que mueven los hilos quieren más, muchísimo más.

    • Marcos dice:

      Marimar, Miguel, sobre las élites manipuladoras que nos dividen y enfrentan voy a citar a Arturo Pérez-Reverte, que hace poco dijo: “Si juntas a un fanático o malvado con 1000 ignorantes obtienes matemáticamente 1001 hijos de la gran puta.”

      La gente necesita encontrar una explicación a su sufrimiento, muchos encuentran la respuesta fácil en este tipo de ideología: “Sufres porque Los Otros te están fastidiando, pero después de La Revolución serás finalmente Feliz”. Para el yihadista los otros son quienes no siguen el Islam a rajatabla, para el comunista son los empresarios y la iglesia, para el facha son los homosexuales y los inmigrantes… Es ésta una forma de pereza intelectual muy humana y honestamente, no creo que cambiemos jamás.

      No pasa nada, la vida sigue siendo bella, abrazos!

      • No he entendido si entonces Arturo queda dentro de las élites manipuladoras o no. Aunque lei ese artículo y dentro de la gracia que me suelen hacer sus ocurrencias, en general empieza a parecerme un cizañero de cabo a rabo.

        Sí, el ser humano tiene esa característica de la pereza intelectual. Resistencia a la evolución. De una forma general, porque a pesar de ello, vamos avanzando. Pero esa pereza viene integrada en nuestro sistema junto con el libre albedrío. Si no costase trabajo pensar, no tendría gracia. No haríamos el trabajo que se supone que tal vez debemos hacer.

        Así que aunque no cambiemos en cuanto a la pereza, creo que a pesar de ello vamos a ir haciendo los esfuerzos necesarios para avanzar. Y que ya va habiendo el cambio. Porque me huele que la próxima revolución no será brusca, sino que está siendo “de a poquito”.
        Abrazo!

  3. Marimar dice:

    Marcos, está claro que nos es más fácil lanzar balones fuera, pero está claro que el poder lo ostentan unos cuantos, de diferentes ideologías, y utilizando la técnica del divide y vencerás arrastran a grandes masas unas contra otras para conseguir sus fines , creando rencillas difíciles de solventar, haciendo una bola cada vez más grande, cuando en realidad el ciudadano de a pie sería capaz de convivir con otros de diferente ideología si no hubiera envenenadores. El odio siempre es sembrado por unos y los otros ofendidos responden y así sucesivamente, que se lo digan a israelíes y palestinos.
    Pero sí, la vida sigue siendo bella, o al menos quiero pensarlo. Un abrazo

    • Sí! Es bella. Y a veces fea. Y todo eso tiene su aquel. Nos puede repatear y molestar. Pero normalmente sirve para que reaccionemos y busquemos hacer un cambio. Por eso cada cual debe responsabilizarse de su pedacito de cambio. En lugar de cargar sobre otros toda responsabilidad.
      Abrazo a los dos comentaristas!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *