Historias de vida: nuestros encuentros durante el viaje

Ya hace más de un año que salimos de viaje y nos hemos encontrado con muchas bonitas y diversas historias de vida. En esta entrada, en lugar de hablar de nuestra experiencia, contaré, de forma anónima, algunas de ellas.

Una de las cosas que puedes vivir en un viaje, cuando estás abierto a ello, son los encuentros con otras personas. Algunas de ellas comparten el gusto de viajar y lo están poniendo en práctica, ya sea de la misma manera que tú o de forma diferente. Otras, que también comparten este gusto, no se atreven a salir al movimiento, por diferentes motivos.

Pero más allá de este rasgo en común, cuando una persona se mueve por muy diversos ambientes, no necesariamente durante un viaje, tiene la oportunidad de conocer muy distintas historias de vida. Es un gran regalo que ayuda a abrir la mente a otras posibilidades, a otros valores o formas de enfrentar y circular por este espacio delimitado de tiempo que tenemos cada cual en este mundo.

Dentro del paquete de viajeros con los que nos vamos cruzando, hemos conocido parejas, grupos de amigos, personas solitarias, que atravesaban el globo. Unas pocas con abundantes recursos, varias con un presupuesto limitado que iban alargando durante el viaje como podían (tocar música, hacer malabares en semáforos, fabricar artesanía…) y otras sin nada, encontrando siempre la forma de alargar su viaje a cambio de trabajo o de los talentos que podían ofrecer por unas monedas o algo de comida y un techo. O hasta un tatuaje gratuito!

Entre este variado grupo, había algunos viajeros que llevaban más de cinco años dando vueltas, atravesando continentes, persiguiendo a veces conocerse a través de toda esta experiencia o buscando una respuesta que se resistía a aparecer, estableciéndose por temporadas en un país y adaptándose a su vida y cultura.

En otro caso, conocimos a un nigeriano que llevaba un año en Cabo Verde, buscando algún velero privado que le llevase a Brasil, alejado de su esposa e hijo, apostando todos sus ahorros en un futuro incierto en la capital del gigante sudamericano, sin saber manejarse muy bien con el portugués. Lo logró, aunque todavía su realidad sigue siendo complicada.

Al inicio del viaje nos topamos con las primeras historias de vida curiosas e inesperadas. En un aeropuerto del sur de España, teniendo que pasar día y medio esperando a nuestro vuelo para salir de la península, nos enteramos de que había más de treinta personas sin casa que habitaban el complejo. Pasaban sus días al sol, cuando hacía buen tiempo y sacando su comida de rebuscar en las papeleras del aeropuerto con regularidad. Puede parecer increíble la cantidad de comida y bebida en buen estado que es descartada por viajeros despreocupados que no tienen tiempo o ganas de terminar lo que compraron en esos momentos de espera. Allí había personas de todo tipo, varias extranjeras y en conreto, una mujer británica que llevaba un año viviendo allí, en una suerte de comuna donde cada cual tenía su espacio para dormir, sus reglas internas e incluso una relación con los trabajadores de allí, que hacían la vista gorda mientras estos falsos viajeros que empujaban sus carritos no molestaran al resto. Esta mujer había dejado su vida atrás. No tenía problemas económicos pero decía estar hacieno un experimento y praparando un libro sobre su vida y esa etapa allí.
Hemos conocido al capitán de un barco autoconstruido, que navega con un velamen asiático, confrontando muchas de las normas aceptadas por la mayoría de los marinos modernos, como no tener todos los cables que tensan el mástil principal o ningún sistema electrrónico a bordo, atravesando océanos en el sentido contrario de las corrientes, escribiendo libros autoeditados e impresos sobre su larga vida, que comenzó en Rusia, escapando de regímenes autoritarios, enrolándose en la legión francesa para después desertar y continuar con otras aventuras, asentándose en una ciudad remota de Australia. Lo último que hemos sabido de él fue una noticia que leí anoche sobre un barco estadounidense que se empeñó en rescatarlo en Hawaii, al sorprenderse de la tipología de su barco y su navegación, cuando él sólamente pidió ser remolcado para atracar en puerto.

Otro capitán, de nacionalidad francesa, criado en Marruecos y ciudadano de Córcega, ha tenido también una hhistoria variopinta y se ha desenvuelto en su vida con negocios tan variados como una furgoneta de comida rápida que terminó convirtiéndose en un restaurante que sólo abría los meses de verano y en el que el ritmo de trabajo incluía una fiesta al final de cada noche y en el que acababan durmiendo trabajadores y amigos hasta el comienzo de una nueva jornada. Este negocio, que ya quedó atrás, le permitía viajar en su velero el resto del año, cruzando al continente americano, donde a veces hacía más dinero vendiendo tatuajes adhesivos en el Caribe y logrando cubrir los gastos que supone un velero a partir del reciclaje de piezas regaladas o encontradas en barcos abandonados.

También hemos tenido la oportunidad de compartir un tiempo con una persona que escapó al mundo de la droga y la delincuencia, a pesar de su entorno conflictivo, y que encontró en una práctica espiritual y en un trabajo personal apoyado por una medicina amazónica algunas respuestas y fuerza para rehacer su vida y para continuar tomando sus propias decisiones en el seno de la pequeña familia que creó junto a su compañera.

Otro caso de una pareja que hemos conocido, que me ha resultado diferente y valiente es el de dos personas que, tras haberse separado, decidieron tener un hijo juntos. Rompieron una regla social y afrontraron este desafío que dio vida a un pequeño que ahora tiene ya casi un año y que recibe unos cuidados y un amor excepcionales por parte de ambos, a tiempo parcial y compartido.

Hemos estado también frente a varias historias de vida en las que sus protagonistas no finalizaron los estudios obligatorios de su país, pero construyeron a pesar de ello un recorrido profesional en el que siguen aprendiendo y realizándose día a día, motivados por ese motor interno que todos tenemos en funcionamiento cuando no nos han coartado la libertad de aprender lo que queremos.

O el caso de alguien que sí que llegó lejos en el nivel de estudios, dentro del campo de la farmacéutica, para luego abandonar esa vida acomodada, descubrir otras formas de tratamiento alternativo de las enfermedades y llegando a defenderlo y a propiciarlo en su día a día.

Otra historia, difícil y que supuso un gran sufrimiento en una etapa de su vida, es la de un padre que perdió a su hija pequeña por una grave enfermedad. También sufrió la separación de su pareja, un poco a raíz de todo ello y, tristemente, tuvo que luchar contra el cuerpo médico, con el citado final de pérdida. Con todo, logró transformar toda esta historia en parte de su persona y de su sabiduría y su aprendizaje vital. Resignificó esta experiencia y ahora navega por la vida con nuevas fuerzas y determinación, habiendo encontrado cierta paz con lo ocurrido, a pesar de ser relativamente reciente.

Está el caso de un europeo que pasó su infancia separado de sus padres, internado y a quien le llegaban visiones, sueños y experiencias difícilmente explicables dentro del campo de la psicología clínica sin cuestionar su estado de salud mental. Ha estado buscando durante toda su vida respuestas y un significado de todo ello, así como conocer a otras personas que vivieran cosas similares. Y no sólo ha mantenido una sana cordura, sino un espíritu crítico con una sociedad que constriñe y limita las explicaciones a este tipo de sucesos. Ha aprendido a contar sus historias, a vivir con ellas, a compartir su escepticismo y a ofrecer explicaciones alternativas. Y, sobre todo, a lanzar muchas preguntas abiertas al funcionamiento supuesto de esta vida, que ayudan a otras personas a hacerse estos cuestionamientos.

Más historias de vida peculiares: la de una mujer de ya avanzada edad que trabaja en terapias alternativas y se está estableciendo en una zona rural uruguaya, después de haber pasado por experiencias que incluyeron un contacto con diversas personalidades de gran influencia social o espiritual. Trabajó en algunas de las escuelas fundadas por Krishnamurti, junto a él y otras personas cercanas. También trabajo con María Montessori y conoció a Patch Adams, además de ser discípula de algunos grandes maestros hindús. También marinera, nos contó muchas anécdotas sobre todo este variado recorrido, como la vez en que para evitar que un tripulante de su regata enfermo se tirara por la borda, lo tuvo que noquear de un batazo en la cabeza.

En el mundo marino conocimos también a dos navegantes brasileños que habían sido engañados por su capitán y llevados lejos de su hogar hasta las costas caboverdianas. Allí, tras varias discusiones con él y una investigación policial que bloqueó el barco, se quedaron atrapados en la isla de San Vicente, mientras el capitán huyó con el dinero que llevaban, posiblemente involucrado en algún asunto turbio. Sin los papeles en regla y sin el control del barco, tardaron más de lo que nosotros estuvimos en aquel archipiélago en conseguir solucionar la situación y volver a ver a su familia. Nos enteramos de que lo lograron cuando llevábamos ya un tiempo de viaje por Brasil.

En Uruguay hemos compartido agradables conversaciones con una antigua exiliada que pasó unos años de su infancia en el norte de Europa. Su madre partió de un día para el otro y, un año después, cuando se reunió de nuevo con ella en Noruega, tenía un nuevo padrastro y un nuevo hermanastro a punto de nacer. Desde niña, en un contexto de exilio sudamericano, huyendo de dictaduras y en familias de izquierdas, se unió a la causa comunista, siendo militante activa con unos quince años de edad. Pasaron muchas cosas después de esto y fue madurando con el tiempo, personal y políticamente, manteniendo, desde luego un enfoque libertario, aunque su forma de militancia ha cambiado mucho desde entonces, a lo largo del resto de su vida, que ha pasado principalmente en la capital uruguaya.


Y hay algunas personas más cuyas historias de vida mi memoria comparativa probablemente clasifica en valores más normales, aunque sigan saliéndose de lo habitual. Y más que nos encontraremos con el tiempo.

Pero prefiero acabar aquí, satisfecho con todos estos encuentros, con lo que he aprendido con ellos y con haberlos podido compartir contigo, a modo de otras realidades con las que se podrían escribir novelas o filmar películas. Sólo que en este caso, tendrían una base documental, ya sabes: basada en hechos reales.

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6 Respuestas

  1. marie devesvre dice:

    Des histoires de vie passionnante … Prenez soin de vous !

  2. Marcos dice:

    Me ha gustado mucho este artículo, un poco de humanidad real es refrescante en estos tiempos. Buena suerte chicos 🙂

    • Sí, sienta bien encontrase con estas historias. Y seguro que todos podríamos seguir narrando otros ejemplos que nos vamos encontrando en nuestro entorno, viajando o viviendo en la misma ciudad de siempre. Mira, idea para otro borrador entre todos los que se me van acumulando…
      Un abrazo!

  3. Marimar dice:

    Yo a esta entrada la llamaría “Lecciones de vida”,esas que no están contenidas en los libros de aprendizaje reglado, esas que te enseñan a descubrir mil facetas diferentes de de las peculiaridades de afrontar la vida sin meternos en lo común , aunque ¿A que llamamos común? Ni siquiera sabría responder. La enriquecedora pista de los humanos diversos que sin duda estáis viviendo, demuestran que existen mil universos de voluntad y un millón de afrontamiento y esto hace que la realidad supere la ficción, y esto va por lo de la novela….Un abrazo.

  1. 13 mayo, 2018

    […] viajamos a Paracas, la zona de la costa desértica, al sur de Lima. Y allí, además de conocer a un montón de viajeros con los que compartimos muy buenos momentos, reflexiones y momentos de juego, pintamos no uno, sino […]

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