En busca de la masculinidad

Este es un llamamiento a todos los hombres que estén dispuestos a escuchar, o a leerme, para tomar su propia responsabilidad. La de su vida como hombre y la que corresponde a su parte en esta sociedad.

Todos tenemos claro hoy en día que el modelo del que venimos y que tan afianzado está es patriarcal.

Eso no sólo conlleva que los hombres tengan puestos de más responsabilidad, que ganen equiparablemente que las mujeres o que exista un mayor número de agresiones de género de hombres a mujeres que a la inversa.

También las decisiones que toman esos líderes suelen ser más beligerantes, competitivas y están más alejadas de la empatía o de establecer un diálogo que lo que suelen mostrar las escasas líderes femeninas, en el caso de que no hayan adoptado un rol masculino y se comporten como el típico hombre hetero-patriarcal.

Y aún hay más. Esos hombres tienen sus limitaciones y vienen marcados por la propia cultura de formas sumamente negativas para su desarrollo y convivencia con el resto de seres humanos.

Porque su mundo emocional ha sido excluido. Se les ha prohibido sentir y expresarlo.

Porque se espera mucho de ellos, se les exige saber sin haber tenido tiempo para aprender. Deben ser líderes impasibles, amantes experimentados e infalibles, los primeros en la carrera que se supone que es la vida laboral.

Sus dotes masculinas han sido puestas a prueba desde antes de que entendieran si quiera las características que se supone que deben de poseer y si están de acuerdo con ellas. La exigencia y el juicio anteceden a la madurez.

Eso produce adolescentes inseguros y jóvenes perdidos, asustados y empujados a luchar con toda su rabia para lograr una valoración de sus iguales, del lado femenino y de la sociedad en general.

Y cuando no se atreven a mostrar esa rabia o la niegan, a pesar de sentirla, porque no quieren utilizarla de la forma que les dicen, esa misma emoción encerrada los carcome por dentro, anulando su juicio y voluntad, con el peligro de explotar más adelante de forma descontrolada.

Por si esto fuera poco, ahora también el hombre está comenzando a ser juzgado por su físico, una carga que sólo estaba destinada hasta hace relativamente poco a la mujer, siendo injusta para ambos sexos.

El llamamiento

Por eso me planto y pido a aquellos hombres que comprendan todo esto, que tengan un sentimiento similar, una frustración ante la negación del empoderamiento de su propia masculinidad, así como de la libertad de definir este concepto desde nuestro propio interior, para que asuman su responsabilidad.

Para que se paren a reflexionar, a sentir y a discutir con otros hombres y mujeres sobre todo ello. Para poder descubrir una nueva forma de ser hombre, o de ser masculino.

Pero también camino en la marcha de todos aquellos hombres que han decidido romper con antiguos paradigmas y no continuar perpetuándolos con actitudes, con palabras, con pensamientos obsoletos que nos hacen mal a todos y que no sirven para que el mundo y las relaciones sean mejores, más plenas y sinceras.

Dejemos atrás los micromachismos, poniendo atención a todas esas costumbres que repetimos sin darnos cuenta y que implican un sometimiento de lo femenino.

Ampliemos nuestra concepción de género, de orientación y/o atracción sexual. Tratemos de comprenderla en lugar de negar y perseguir la diferencia de quien no es mayoría, aunque no por ello dejen de ser personas dignas de pensar, sentir y amar como lo deseen.

Abandonemos o, cuando menos, cuestionemos el mercado pornográfico, así como la prostitución, emparentada en ciertos aspectos con el anterior. El uso que se hace de ellos, su comprensión y lo que implican en esta sociedad, tanto para la mujer como para el hombre, son en muchos casos dañinos. Sobre todo cuando un análisis consciente de lo que se está consumiendo no existe, por falta de entendimiento o madurez.

Su componente de alimentar fantasías, que puede ser puesto también en tela de juicio, es el menor de los prejuicios. Perpetúa un tipo de relaciones sexuales irreal y fálico-central en la mayoría de los casos, que no instruye, sino que confunde y que deja a la mujer en una posición de inferioridad y de denigración absoluta, además de promover una sexualidad enfocada en el coito y el orgasmo rápido, una parte ínfima de lo que se puede vivir con una vida sexual plena.

El cambio es necesario

Exploremos juntos, con nuestros “amigotes”, en grupos de hombres, con nuestra pareja, con amigas, con grupos mixtos, todas estas cuestiones.

Démosle una oportunidad al cambio, a mejorar el deplorable estado actual de las cosas. Estoy seguro de que nadie, por mucho que diga, cree realmente que el mundo funciona como debería.

Así que si todos estamos descontentos, pongamos cada cual un poco de nuestra parte para redefinir la base. Cosas tan importantes como lo que para cada cual es ser un hombre. O, mejor, aún, lo que entendemos por masculinidad. Una nueva visión que nos satisfaga más a nosotros y al resto de personas que conviven a nuestro alrededor.

Las mujeres llevan tiempo haciendo su trabajo para cambiar su rol, para liberarse de una esclavitud histórica. Nosotros también tenemos trabajo. Y antes de establecer la forma de avanzar, codo con codo, no estaría de más saber lo que queremos. Saber lo que somos. Que cada cual llegue a descubrir su propia masculinidad. Pero que asuma esa responsabilidad.

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