Sexualidad masculina: Derribando paradigmas. Parte 1

Un pie en el camino de redescubrir la sexualidad masculina, rompiendo viejos paradigmas, abriendo ventanas a nuevas influencias.

Con el subtítulo que he elegido, derribando paradigmas, me imagino una bola de demolición y… maldita sea, me viene a la mente el vídeo de la transformada Hannah Montana, oda a la provocación y al uso del cuerpo femenino como objeto. Si no lo has visto, por favor, evítate esa influencia, seas hombre o mujer, e independientemente de tu orientación sexual.

Estoy leyéndome un fantástico libro sobre sexualidad y psicología femenina, dirigido principalmente a mujeres. Ya tiene unos cinco años y a pesar de todo, en sus líneas hay ideas y conceptos que no acaban de salir a la luz y generalizarse. Parecen novedad. O me imagino que lo parecerán para la mayoría de la gente. Se trata de “Tu sexo es tuyo”, de Sylvia de Béjar.

Independientemente del estilo, que me gusta por lo desenfadado y directo, me parece que su autora tiene una vasta experiencia y formación en los temas que aborda. Y, sobre todo, ha decidido hacerse responsable de su vida sexual y de otros ámbitos que a día de hoy, todavía pesan en la cuestión social de género. Como persona y en especial, como mujer.

El texto propone, provoca, informa, inspira, desmitifica y ejemplifica. Como digo, va dirigido principalmente a mujeres, como una herramienta de apoyo a su emancipación principalmente sexual. Siendo un lector varón, también me está aportando valiosa información y potencia una forma de sentir que yo he ido desarrollando con respecto al tema de la desigualdad social de género. Está claro que me da nuevas ideas o perspectivas y me ayuda a transformarme en un mejor compañero en la relación con las mujeres y, en particular, con mi pareja. Pero algo más que ha provocado en mí son las ganas de aportar un discreto, resumido y limitado equivalente, que comparto contigo en esta entrada.

sexualidad masculina

Sexualidad masculina, por free-photos, en Pixabay

¿Dónde está el equivalente para hombres?

Me encantaría poder leer un libro así dedicado a los hombres. Con un enfoque liberador y transformador. Un aporte a la sexualidad masculina y a la propia definición de lo que podría ser la masculinidad a día de hoy. Una masculinidad que deje de imponerse, temerosa, tal vez de un complejo histórico de inferioridad. O de una venganza de una posible era matriarcal anterior. O de un funcionamiento social que ha evolucionado del nomadismo a la sedentarización y, paralelo a la creación de la propiedad privada, la monogamia, la familia nuclear y otras construcciones sociales imperantes hoy en día. Una masculinidad que todavía ando buscando.

Dejando de lado las fuentes más antropológicas y socieconómicas, y antes de que alguien me tilde de beber de ciertas corrientes políticas marginales y demonizadas, con mucha razón, puedo decir que no he encontrado hasta el momento ese libro que tanto me gustaría disfrutar y cuya lectura querría compartir con otros hombres. Puede ser puro desconocimiento, así que acepto gustoso las sugerencias bibliográficas.

Qué nos pasa a los hombres

Además de ser una de las primeras entradas que escribí por aquí, hace ya algunos años, y que todavía considero como un hilo de pensamiento sin concluir, voy a enmarcar lo que nos concierne a esta supuesta emancipada mitad del planeta.

Se supone que tenemos el control. Que la cosa es más fácil para nosotros. Económica, laboral, sexual, socialmente… no importa el ángulo desde el que se mire. Somos la parte privilegiada. El “sexo fuerte”. Los opresores y a menudo, los inconscientes a los que desde algunos sectores del feminismo, hay que atacar para desmontar nuestro trono, tristemente real y construido desde hace mucho tiempo. Pero no sólo a costa de las mujeres.

En esta cultura patriarcal, ensalzadora del falo y basada en el miedo, en la competitividad y en el dominio de los otros, la famosa y cuestionable ley del más fuerte, cada sexo se lleva su parte de consecuencias. Sí, claro, la sociedad en su conjunto lo sufre y el modelo es pésimo, si queremos evitar una destrucción masiva y apuntar hacia una sociedad justa, en la que los seres humanos no estén sometidos a la decisión egoísta de una minoría que impone su sistema.

Todos estamos metidos en esa especie de matrix, más o menos alienados. Yo mismo me he enganchado esta semana, tras mucho tiempo sin jugar, a un jueguecito del móvil que me está absorbiendo y con el que estoy dejando de estar presente.

Anécdota-pausa

Hago una pausa para desahogarme y criticar, muy oportunamente, el ambiente en el que estoy escribiendo en estos momentos. Es un cyber de una pequeña población peruana. Hay otros hombres jugando en computadoras cercanas. La tensión entre ellos está creciendo y se están lanzando improperios y atacando verbalmente. Al parecer, están jugando juntos.

Era difícil concentrarme, así que me he levantado y les he pedido si podían calmarse y bajar la voz. Sí, tal vez la petición de calmarse no haya sido lo más asertivo del mundo. Por lo que he recibido una lógica respuesta de defensa-ataque del tipo: "yo he pagado por mi máquina como usted, no me moleste". Así que soy yo el que molesta.

Lo malo es que sin darme cuenta, he entrado en el clima de violencia. Me he contagiado sin darme cuenta. Me vienen ideas en las que un teclado y la cabeza de un tipo se acercan el uno al otro de manera cuánticamente dolorosa.

A lo que iba, es a que el género masculino también tiene su pato que pagar, como resultado de la sociedad a la que todos contribuimos, a pesar de que tenga evidentes ventajas.

Los chicos no lloran

Parece una recopilación de viejas entradas, como aquella en la que explicaba más extensamente esta gran carencia emocional que solemos tener muchos hombres. Tal vez ha sido la evolución lógica para dar como resultado el texto que estoy construyendo.

encierro emocional

Encierro emocional, por greyerbaby, en Pixabay

El caso es que nuestro talón de Aquiles es esa represión emocional. Una negación de una parte de nuestra naturaleza, a base de un condicionamiento que empieza pronto. Ya sea con reprimendas o comentarios descalificativos, o simplemente con la exclusión de los sentimientos “negativos”, los chicos hemos aprendido a no llorar. Y lo hemos aprendido tan bien que a veces no somos conscientes de nuestro estado emocional. Esa mirada hacia adentro no entra en nuestra costumbre.

El hecho de preguntarnos cómo estamos, a qué se corresponde nuestro estado de un amplio abanico que, en el caso de muchas mujeres, es mejor conocido. Rizando el rizo, os comento, chicos, que hasta somos capaces de sentir varias emociones a la vez. ¡Sí, eso cuentan!

Y a qué me lleva todo esto?

Pues a decir que eso de que las mujeres necesitan más intimidad emocional, no sólo es un cliché peligroso, del que se abusa en la relación sexual entre hombre y mujer, cuando él llega al orgasmo y ella se queda a mitad, aunque se la recompensa con un abrazo. También es algo que a nosotros nos satisfaría la misma necesidad que a ellas. Porque también la tenemos, sólo que todavía no la hemos aceptado e incorporado a la lista. O al menos, se aceptaba que la tuviéramos de pequeños. Y en algún momento, en una gran mayoría de los casos, un conjunto de cosas (sociedad, familia, relaciones con amigos…) hizo que nos emancipáramos de ella.

La escuela de la calle: sexualidad adolescente

Entrando en materia, la sexualidad masculina es muy distinta de lo que creemos que es.

Como en el ámbito emocional, la exigencia es alta y está bien desconectada de la realidad. Mientras se nos prohíbe llorar, se nos exige ser unos expertos de nacimiento, tener erecciones eternas, que llegan automáticamente en cuanto la pareja se muestra mínimamente dispuesta y eyacular a chorros y en repetidas ocasiones.

Exigencia social y comercial, evidentemente del modelo del porno más generalizado, es curioso que este mito agotador y frustrante no proviene de las mujeres. No son ellas las que nos demandan la proeza, aunque sí que pueden esperar que a estas alturas de la película en el encuentro con unos supuestos amantes leídos y experimentados, se las tenga un poco más en cuenta y que la duración sobrepase los cinco minutos.

Somos nosotros los que tenemos el falso mito de lo que deberíamos cumplir, y no sólo en tamaño, sino en vigor y resistencia. Pero claro, si a muchas mujeres su menstruación, como claro ejemplo de desinformación adolescente, les pilla tristemente por sorpresa, siendo en ocasiones todo un trauma, a nosotros tampoco nadie nos ha hablado ni de reproducción ni mucho menos de sexualidad.

Por supuesto, esto es extensible a las parejas entre hombres. Con sutiles diferencias, la expectativa y la imaginería siguen siendo en gran parte de los casos, un mito social poco edificante para la relación íntima, que exige mucho y enseña poco.

ejemplo de masculinidad

Ejemplo de masculinidad, por ryanmcguire, en Pixabay

Papá pone una semillita en mamá…

Entiendo que es difícil abordar el tema, y más para unos padres que ocultan y se avergüenzan probablemente de su propia sexualidad, cuya historia viene de donde viene. No es que sea del todo partidario de que se dé el encuentro sexual delante de los hijos, aunque tengo mis dudas a raíz de una conversación con un tipo que conocí que lo vivió así en su familia.

Pero lo que sí que debería estar más presente sería el tema en las conversaciones, las muestras de cariño y de complicidad sexual, por pequeños que sean los hijos. Es importante una normalización sin tabúes y una predisposición a resolver cualquier tipo de duda.

De manera natural, los niños son todo curiosidad y sus preguntas van a acabar abordando este tema. Cuando llegue ese momento, significará que estarán preparados para comprender parte del asunto, aunque quede tiempo para que lo lleven a la práctica.

Hay culturas en las que se masturba a los niños pequeños para que se relajen, acompañando el descubrimiento de su cuerpo. Hay otras en las que algunos adultos les muestran el mundo de la sexualidad cuando llegan a la pubertad. Salvando los dilemas morales y legales, veo importante comprender este delicado proceder, en el que el adulto no está obteniendo un placer de ello, si no que está ayudando al adolescente a descubrir una nueva faceta de su ser que le acompañará el resto de su vida. Y mejor si la comprende y se conoce a sí mismo.

De aquellas lluvias estos barros

Pero en nuestra sociedad, proveniente de valores restrictivos y culpabilizantes a causa de la religión católica y de otras prohibiciones de índole más político, en el sentido de mantener un status quo de control del individuo, de limitación de las libertades, conviene mucho más mantener al adolescente en la ignorancia.

O lo que es peor, no decirle nada, pero facilitarle el acceso a una versión distorsionada, exagerada y dañina para la comprensión de la relación sexual y del trato hacia el o la compañera. Esa ha sido nuestra escuela y las primeras prácticas, compartidas con otros chicos a veces con la misma influencia y equivocadas interpretaciones, nos han llevado a una confusión de la que nos está costando deshacernos.

Y en las recientes generaciones, la cosa no ha mejorado precisamente, con la proliferación de los smartphones y plataformas de porno casero, herramientas con las que se propaga mucho más y hasta términos exagerados y claramente violentos este tipo de ejemplos.

Fuentes alternativas

Por suerte, hay mucha información alternativa disponible, en los libros y en internet. Existen vídeos explicativos, canales, podcast, blogs, que derriban este paradigma, que par mi gusto ya debería estar obsoleto.

lienzo en blanco

Lienzo en blanco, por derneuemann, en Pixabay

El libro de Sylvia es un claro ejemplo, o el canal de Jaiya and New world sex, en Youtube. Está la línea del tantrismo o el taoísmo, que profundizan ambas de diferente forma, desde una vertiente más espiritual.

Pero esta entrada se me está haciendo un poco larga así que voy a dejarla como una primera fundamentación de lo que pretendo, para entrar en la práctica en la siguiente, hablando de algunos de los descubrimientos, visiones y paradigmas que me he ido encontrando en mi aprendizaje, lejos de ser completo, por suerte o por desgracia.

Temas como el orgasmo seco, los multiorgasmos en el hombre, la canalización de nuestra energía sexual, la neuroprogramación, el trabajo en alimentar nuestra líbido y en saber mantener un contacto sexual sano con nosotros mismos o nuestra pareja, el conocimiento del cuerpo y la mente de la pareja… quedan aplazados hasta la siguiente parte de este texto. Que llegará, con paciencia.

Aunque si te pica la curiosidad, puedes ir adelantando tareas y buscar por tu cuenta. No te olvides de mantener una postura crítica, hay de todo, ya sabes. Y si algo te gusta, te invito a que inicies tus experimentos.

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