Es mi ocio y hago con él ¿lo que quiero?

Búsqueda de mi sentido del ocio y del tiempo libre, con el fin de establecer las bases con las que quizá algún día trabaje.

Para no perder viejas costumbres, reciclaré, o mejor dicho, reaprovecharé mi actividad en un ámbito para utilizarla en otro.

Vengo de este modo con una entrada que vierte una reflexión acerca del ocio y el tiempo libre. Su origen es una tarea de la asignatura homónima de una formación que acabo de comenzar en mi nueva etapa en Montevideo.

Ya he hablado anteriormente acerca de la obsesión productiva de esta sociedad noroccidental. Y en más de una ocasión, incluyendo cómo me afecta personalmente. Ahora me voy a centrar en el concepto mismo del ocio, que podría desdibujarse en el de tiempo libre.

Para mí el tiempo libre es…

Sin recurrir a las definiciones o análisis formales que nos encontramos en una búsqueda directa en el navegador, entro a dar mi muy subjetiva visión. La única que poseo y que mañana cambiará.

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Trabajar contrarreloj o contra el reloj?

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Considero que el tiempo libre es el que se diferencia del ocupado. Así quedarían dos grandes divisiones. Éste último sería el que realizamos por obligación.
¿Cuál es mi clave para establecer dicha obligación? La de mis prioridades inconscientes y algunas más claritas para mi razón despierta.
Porque mis obligaciones, aunque pueda creer lo contrario, las defino según mis prioridades.
Entre ellas, en primer lugar, está el dar respuesta a mis necesidades humanas relacionadas con la subsistencia. Alimentarme, tener un lugar protegido, con un espacio personal en el que poder cuidar mi salud, descansando, manteniendo un mínimo de higiene y de ejercicio.
Así, lo que ahora mismo necesito para satisfacer esas necesidades de subsistencia, es dinero para pagarlo y una cantidad de tiempo dedicada a tareas como comprar, limpiar, prepararme la comida o dormir.
Ayer mismo no habría metido todo esto en el tiempo ocupado. Por suerte, tengo tiempo para reflexionar y seguir construyendo mis subjetividades.
Lo que queda fuera de eso podría ser tiempo libre. Pero resulta que todo ser humano, según muchos estudios y filosofías, viene con otra serie de necesidades que, si bien no parecen imprescindibles para la subsistencia, sí lo son para llevar una vida de realización y de salud (mental, emocional, relacional…) o de continuidad como especie. Algunas personas las llaman necesidades de desarrollo
Aquí los límites resultan bastante más confusos. Porque dependiendo del momento, de la etapa vital, de las circunstancias externas o internas, en un momento dado, una actividad que puedo considerar importante para satisfacer ciertas necesidades, puede resultar más banal en otro. Y en este último caso, la definiría dentro del tiempo libre.

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Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos

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El tiempo libre de una persona libre…

Todo esto, teniendo en cuenta que hay personas que no disponen de medios suficientes para satisfacer algunas de las necesidades más básicas y urgentes, por lo que se verán esclavizadas a una rueda constante de tiempo ocupado.
O a las que no son conscientes de las prioridades vitales que establecen en su vida, con lo que difícilmente pueden siquiera aprovechar los beneficios del uso de su tiempo libre, que probablemente gasten en actividades consumistas y pasivas que también las encierre en una cárcel mental.
En ambos casos, ¿serían estas personas libres?

Ocio y recreación: uso del tiempo libre

Entonces, el ocio vendría a ser el uso particular del tiempo libre. Algo consciente y libremente elegido, siempre vinculado con necesidades humanas, aunque no cruciales para la supervivencia.
Sus fines pueden ser lúdicos, de descanso, no necesariamente productivos (luego retomaré este punto) y también pueden aportar algo (enriquecer a la persona de alguna forma), o no.
Esta delimitación queda muy amplia, lo sé. Variará según la persona, y de nuevo, la situación en la que se encuentre. Así mismo, será diferente en unas y otras culturas y países.
Y es que la palabra ocio va cargadita de significados y lastres.
En el habla hispana, por ejemplo, tiene una connotación negativa (fuente de todos los vicios) y por eso en algún momento, se acuñó el término de recreación.
Hay un artículo interesante en la web de Hipertextual, que menciona la intención política que pudo haber detrás, nada inocente. Aunque luego podamos reapropiarnos del concepto y redefinirlo como queramos.

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Ocio = bien

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Etimolongía de ocio y negocio

Porque parece que molamos cuando sabemos estas cosas. Peco aquí de tirar de wikipedia, aunque sólo para un pequeño extracto de la entrada sobre el ocio. Y es que me resulta muy interesante como cuestionamiento del negocio que irónicamente supone el mercado actual del ocio. Se me lengua la traba. Lo explica mejor el extracto:
[…] el otium romano era estratificado socialmente: estaba asociado, en el caso de las élites intelectuales, a la meditación y a la contemplación. Era el otium con dignidad.
Por eso, en lo que concierne a las personas comunes, otium significaba descanso y diversión proporcionados por los grandes espectáculos.
Esta estrategia hacía referencia a la tradicional expresión “pan y circo” y tenía como finalidad despolitizar al pueblo, reduciéndolo a la condición de mero espectador, evidenciando así el potencial muchas veces alienante, de las formas de entretenimiento masivo.
La conexión que los romanos hicieron entre el otium y el negotium (nec-otioum) es interesante de comprender. El negotium, palabra latina que originó el término negocio, fue entendido como ocupación y actividad.
De esta forma, el trabajo […] representaba la negación del otium.
[…] la palabra trabajo deriva del término latín tripalium, que era un instrumento de tortura con el que se obligaba a los esclavos a realizar determinadas tareas.
Así, en la visión clásica greco-romana el ocio era mucho más valorizado que el trabajo, algo distinto a lo que ocurrió posteriormente.

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#slowlife

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Dolce far niente

Una vez hecho el pre-calentamiento y los estiramientos de meninges propuestos, retomo donde lo dejé aquella vez que comencé a disfrutar de mi tiempo, negándome a producir y a la vez creando como loco. O todas esas veces que he luchado contra el sentimiento de culpabilidad al desperdiciar mi tiempo.
En eso, algunos aportes externos me han animado mucho. Por no sentirme solo y por indicarme, cual señal luminosa de salida, una puerta que lleva a un camino diferente, transgresor. El dulce no hacer nada.
Es el caso de Vivian Abenshushan, cuya antología se puede descargar desde su web, escritos para desocupados, o en este enlace.

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El dulce "no hacer nada" #slowlife #slowtravel

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La opción consciente del ocio

El ocio aporta. Incluso el pasivo. Porque ayuda a hacer un receso, a detener máquinas para su mantenimiento.
Es necesario, y más en el entorno actual, que nos sobrecarga los sentidos y nos bombardea información. Hasta nos creemos, por ese mecanismo psicológico de la posibilidad de perdernos algo, que debemos aprovechar cada oportunidad brindada para seguir tragando, seguir haciendo, sin parar.
Prefiero el ocio activo, en el que puedo involucrarme con mi mente, con mi cuerpo, con mis sentidos en conexión con un hacer. En el que tengo la posibilidad de expresarme, de vivirme, y por tanto de crear. Escribo, dibujo, juego con otras personas.
Cuando no consigo llegar a eso, y me siento ante la pantalla para ver algo, me gusta que las imágenes tengan detrás una historia, que haya una reflexión posible y espacio para la imaginación. Que me toquen la fibra, pero no de manera gratuita.
Intento pasar de las explosiones, disparos, amoríos y tensiones del terror. Busco personajes con los que empatizar, en los que verme reflejado en mi cuestionamiento y búsqueda de mi propia humanidad, que propongan dudas y desafíos.
Lo mismo busco en los videojuegos, que además suponen de base la interacción directa. Por desgracia en muchas ocasiones se acercan demasiado al mundo del cine, sobre todo al más comercial, tanto en lo audiovisual, como en la línea de acciones propuesta. Tanto, que falsea la libertad supuesta otorgada al jugador para superar las pruebas planteadas.
Y a veces consigo dedicar el tiempo a no hacer nada. A dejar, como decía Roberto Juarroz, que las cosas se hagan en mí:

Hoy no he hecho nada.

Pero muchas cosas se hicieron en mí.

Pájaros que no existen

encontraron su nido.

Sombras que tal vez existan

hallaron sus cuerpos.

Palabras que existen

recobraron su silencio.

No hacer nada salva a veces el equilibrio del mundo,

al lograr que también algo pese en el platillo vacío de la balanza.

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3 Respuestas

  1. Marimar dice:

    Ya me acuerdo de aquellos tiempos en el que estar ocioso era recriminado o mal visto, incluso cuando habías realizado tu trabajo con gran pericia y rapidez y parabas por no tener que hacer hasta salir del trabajo, tus jefes te mandaban repasar sobre lo ya hecho para no verte”ociosa”. Afortunadamente creo que hoy se ha recuperado este sustantivo para para enfocarlo al disfrute sin negatividad.
    Pero no siempre somos capaces de darnos cuentam que existe y además en ocasiones lo utilizamos para recuperar trabajos pendientes en vez de disfrutar de ello.
    Quizá yo no sea capaz como tu de llegar tan lejos en las expeculaciones, pero si reconozco haber tenido ese afán por recuperar trabajos y he sufrido en mis carnes el remordimiento por no hacer nada o disfrutar con una serie cuando tenía cosas pendientes de hacer, craso error pero pegado en la piel después de tantos años escuchando comentarios negativos como “En vez de estar ociosa, podrías recoger tu habitación ” o similares.
    Para mí ahora que ya soy mayorcita el parón de no hacer nada veo que me beneficia emocional y cognitivamente, aunque a veces todavía me cuesta reconocerlo.
    Un beso.

  1. 8 abril, 2019

    […] Que la actividad sea libre y espontánea es imprescindible para poder ser disfrutada, aunque no de forma unívoca (se puede elegir libremente una actividad que suponga un esfuerzo o incomodidad, de cara a un objetivo ulterior gratificante, por ejemplo). Y me resulta especialmente interesante que se señale ese “preponderantemente” al referirse al tiempo libre. Ya que la recreación también podría teñir los tiempos ocupados, ya sean de trabajo o no. Hablo más de esto en un artículo anterior acerca del ocio. […]

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